LA ALABANZA A DIOS Y NUESTRA VIDA

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Efesios 6.1-4.

Cómo nos sorprendemos cuando conocemos personas cuya vida es incongruente con el mensaje que enseñan. Por ejemplo cuando alguien habla mucho sobre la importancia de ser responsables y vemos que esta persona no cumple con sus tareas.

Por ello el apóstol Pablo al escribir por inspiración del Espíritu Santo a la Iglesia de Éfeso, cuando habla de alabar al Señor en nuestros corazones (Efesios 5.19), inmediatamente comienza a enseñarnos cómo debe ser la relación matrimonial, y las relaciones entre padres e hijos; porque ¿cómo podemos esperar que Dios se agrade de la alabanza de un hombre que maltrata a su familia?.

La alabanza a nuestro Dios debe ser congruente con nuestra vida, analicemos este tema.

LA ALABANZA ES AGRADABLE CUANDO BROTA DE UN CORAZÓN OBEDIENTE.

“HIJOS obedeced en el Señor a vuestros padres; porque esto es justo. Y vosotros padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos; sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (1,4)

Para que los hijos obedezcan, los padres tenemos que criarlos en disciplina. La disciplina es como una moneda de dos caras; una cara es la enseñanza y la otra la corrección. Los padres tenemos la responsabilidad de enseñar a nuestros hijos el camino del Señor, los mandamientos de Dios, los valores que el Señor pide de nosotros; las reglas para el buen funcionamiento del hogar. Así mismo debemos instruirles en las consecuencias de no obedecer estas enseñanzas.

Luego corresponde a los hijos obedecer. La Palabra de Dios nos dice que esto es justo. En primer lugar porque es la mejor forma de agradecer a nuestros padres todo lo que hacen por nosotros. En segundo lugar porque el obedecer es para bien de los hijos. Por ejemplo si tus papás te piden que ayudes en el aseo de tu casa; esto te servirá para aprender cómo se hacen las cosas, y a ser comedido; créeme que esto te abrirá puertas a donde quiera que vayas.

Si los hijos no obedecen, los padres tienen autoridad de parte de Dios para aplicar la corrección correspondiente. Todos los hijos que fueron corregidos por sus padres tienen un profundo agradecimiento por estos actos de amor, que les ayudaron a alcanzar el éxito, que es estar dedicados a su misión de vida. Los hijos que no tuvieron disciplina, reprochan a sus padres su mala situación actual. La disciplina no es agradable pero es necesaria para ayudarnos a evitar caminos destructivos.

DIOS ES ES GLORIFICADO DE HIJOS QUE HONRAN A SUS PADRES

“Honra a tu padre y a tu madre,

que es el primer mandamiento con promesa” (2)

El Señor nos manda a honrar a ambos padres. Por eso la Palabra de Dios dice: “a tu padre y a tu madre”. Y es que desde pequeños los hijos somos muy inteligentes en notar las diferencias entre nuestros padres y aprovecharnos de ellas. De ahí que los hijos sepan a quien acercarse para conseguir algo, ya sea a papá o a mamá. Con el tiempo esto crea una mayor inclinación y respeto a uno de los dos. Pero el Señor nos dice que no debemos hacer esto sino, sino respetar por igual a ambos.

No aplican restricciones. Tal vez papá o mamá ni fueron ejemplares; tal vez se alejaron de nosotros; o nos maltrataron. Aun en estos casos Dios te pide que los honres, que los respetes. Esto significa que no debes juzgarlos, criticarlos o hablar mal de ellos. Cada quien dará cuenta a Dios de sus actos, a él toca juzgar.

Es muy importante que no vayas en la vida con resentimientos, con enojo o tristeza por lo que tus padres no hayan hecho o hicieron mal. La Palabra de Dios te presenta una vía mejor, la vía del perdón. Si eres cristiano, tienes al Espíritu Santo, quien te da poder. Así es que puedes perdonar. En el nombre de Jesús y con el poder del Espíritu Santo, en oración perdona. Si no lo haces pones en riesgo tu futuro porque es posible que repitas en tus hijos o en los demás lo que sufriste. Mejor asegura un buen futuro por medio del perdón, deja todo en las manos de Dios.

EL SEÑOR BENDICE CUANDO LA ALABANZA ES CONGRUENTE CON NUESTRA VIDA

“Para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” (3).

No debemos mal interpretar este versículo pensando que con alabanza o con obras podemos ganar la bendición de Dios como si la compráramos. Alabamos al Señor no por lo que nos vaya a dar, sino en gratitud por su grandeza y porque nos ha dado su gracia Salvadora. Pero el Señor es tan maravilloso que si le alabamos conforme a su Palabra, nos bendice.

La alabanza verdadera es aquella que es congruente con nuestra vida. Cuando alabamos a Dios decimos frases hermosas como: “Te amo Dios, Cristo; Te honro Señor; estoy dispuesto a servirte a obedecerte”. Pero estas palabras no son sinceras si horas o días antes le dijimos a nuestros padres: “¿por qué tuve que nacer en este hogar?; ya no te amo; si dijimos NO cuando nos dieron una tarea; o si fuimos indiferentes a ellos”. Seguro el Señor dirá: ¿cómo puedes decirme que me amas, si acabas de negarle amor a sus padres?.

Pero si hemos obedecido y honrado a nuestros padres, nuestra alabanza tiene bendición de Dios. El Señor promete prosperar nuestras actividades para que nos vaya bien; y así mismo darnos larga vida lo cual es bendición porque tendremos oportunidad de disfrutar los frutos de nuestras actividades.

HERMANOS:

¿Cómo hemos presentado nuestra alabanza a Dios? ¿ha brotado de un corazón obediente y respetuoso?

Si es así, gracias a Dios.

Pero si no, pide perdón al Señor, y comienza a obedecer y honrar. Ve abraza y besa a tus padres; luego presenta tu alabanza a Dios y disfruta de las bendiciones que él tiene para ti.

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