“EL ESFORZADOR CRISTIANO: SIRVIENDO EN ESPÍRITU Y EN VERDAD”

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“Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos a Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación,

y por fin la vida eterna”

Romanos 6.22.

Dios mediante, estamos a un par de años de celebrar 75 años de la Unión de Sociedades de Esfuerzo Cristiano. Es un momento de gratitud a nuestro Señor por esta bendición, pero también de reflexión y acciones de manera que cada esforzador sea un siervo de Dios en Espíritu y en Verdad.

SIRVIENDO, Romanos 6.18.

Estamos habituados a la palabra trabajo en la obra de Dios. Pero si tomamos en cuenta que el Señor nos dice que ahora somos siervos de la justicia; entonces bebemos cambiar la palabra trabajo por servicio. No somos trabajadores de Dios, sino sus siervos. Un siervo no tiene horario, derechos, ni tampoco espera recibir una recompensa por su labor. Servir al Señor en lugar de trabajar para él, nos libera de la carga de querer ser reconocidos o recompensados por la iglesia, lo cual como sabemos, generalmente no sucede; por lo tanto tampoco seremos desanimados.

Debemos servir a la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo. Este servicio es evidencia de nuestro amor a nuestro bendito Salvador, recodemos la experiencia del apóstol Pedro, quien fue desafiado a demostrar su amor a Jesús, apacentando a las ovejas y corderos. No podemos decir que amamos a Jesús, si no servimos a su cuerpo que es la Iglesia redimida, (Juan 21.17).

Por otra parte el servicio a nuestros hermanos en Cristo, da testimonio de que nuestra fe es verdadera (Santiago 2.14-18). Sabemos que somos salvos por medio de la Fe, no por obras. Pero Santiago el hermano del Señor nos dice que cuando la fe en Cristo como nuestro Salvador es verdadera, se manifiesta con obras. De tal manera que si alguien dice creer en Cristo pero no sirve a la Iglesia, su testimonio contradice sus palabras. Por lo tanto debemos servir a Cristo sirviendo a su Iglesia en sus diferentes necesidades, espirituales y materiales.

EN ESPÍRITU, Hechos 1.8; Juan 4.23,24.

El Señor Jesús le dijo a sus discípulos que no salieran de Jerusalem, sino hasta que recibieran el poder del Espíritu Santo. Servir en espíritu, nos lleva a pensar en que es fundamental servir con el Poder del Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Trinidad. Él es Dios, quien vive en nuestro corazón; cuando oramos y leemos la Palabra del Señor, el Espíritu Santo nos fortalece. Muchas veces somos tentados a hacer las cosas basados en nuestras fuerzas e ideas, por eso fallamos. Cuando servimos con el poder y guía del Espíritu Santo, los resultados son buenos para la gloria de Dios.

Así mismo servir en espíritu, significa que los esforzadores cristianos deben estar muy atentos para que las actividades que realizan tengan contenido espiritual, y no sean solamente momentos sociales, de convivencia u oportunidades para viajar. Hay que realizar cultos de oración, institutos bíblicos, retiros espirituales, entre otras actividades espirituales; nuestro Señor nos manda a adorar en espíritu.

Es necesario ser firmes para no desistir. Las actividades sociales siempre son las más concurridas. Pero cuando los esforzadores son llamados a veladas de oración, días de evangelismo personal, o simplemente a asistir a los cultos de sus iglesias, hay poca asistencia. Pero debemos perseverar para servir en espíritu.

EN VERDAD, Romanos 2.20-23.

Vemos cuanta incongruencia hay en el mundo. Vemos a los políticos señalando a nuestro Presidente de la republica; y generalmente quienes lo hacen están manchados de las mismas cosas que acusan. Pero tristemente las incongruencias también se observan en la Iglesia. Por eso el apóstol San Pablo exhortó a la iglesia de Roma a vivir lo que se enseña; estas palabras son para nosotros.

En primer lugar es necesario que cada uno de nosotros vivamos conforme a nuestra nueva identidad, es decir nuestra identidad en Cristo. Ahora somos hijos de Dios. Desde pequeños luchamos con problemas de identidad porque los adultos suelen decir a los niños quienes deben ser; escuchamos cosas como: debes ser como tu papá, hermano, maestro o cierto hermano de la iglesia. Los amigos tienen su propia opinión acerca de quienes debemos ser. Gracias a Dios cuando somos alcanzados por Cristo, el Señor nos dice quienes realmente somos; sus hijos; y como tales debemos vivir.

Lo que enseñamos en las sociedades, lo que compartimos con la iglesia, debe ser una realidad en nuestras vidas. Todavía escuchamos voces que dicen: “Cómo quisiera que todo lo que dice cuando predica, lo aplique aquí en su casa”. Si somos cristianos de verdad, debemos ser buenos padres, hijos, hermanos, esposos. Recordemos que podemos engañar a la iglesia aparentando lo que no somos; pero no podemos engañar a la familia, y sobre todo no podemos engañar al Señor; ser cristianos de verdad es indispensable para salvación.

HERMANOS:

Recordemos que el nombre de cristiano, fue dado a los hermanos de la Iglesia de Antioquía, como un apodo. Ellos predicaban a Cristo, oraban en su nombre, cantaban a Cristo. De manera que la gente los llamó cristianos.

Dios permita que la iglesia, y la familia al ver a los militantes del esfuerzo cristiano, esforzándose por servir en espíritu y en verdad, diga: ellos son esforzadores, verdaderos esforzadores cristianos.

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