EVITANDO EL ROBO DE LA PALABRA

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MATEO 13.19.

“Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el malo, y arrebata lo que fué sembrado en su corazón: éste es el que fué sembrado junto al camino”.

Como sabemos siempre ha habido ladrones, y cada vez están mejor capacitados para robar superando los mejores sistemas de seguridad. Es bueno que nos cuidemos de los ladrones; Pero hay un ladrón que no está interesado en robarnos el dinero, automóvil o demás bienes materiales; pues él es un ladrón de las palabras, de él debemos cuidarnos principalmente. Se trata de Satanás quien de acuerdo al pasaje citado arriba, roba la Palabra de Dios depositada en los corazones. Veamos cómo podemos evitar este robo.

DE LAS SANTAS ESCRITURAS, Mateo 13.1-4.

El Señor Jesús mandó a sus discípulos a predicar a las ovejas de Israel, el arrepentimiento de pecados porque el reino de Dios se ha acercado. Los resultados que se tuvieron no fueron los esperados. Para animar a los discípulos el Señor contó la parábola del Sembrador que nos enseña que no siempre la Palabra de Dios cae en buena tierra.

En esta parábola el Señor nos dice que su Palabra es como una semilla. Consideremos que de una semilla nace una planta, que posteriormente se convierte en un árbol grande que lleva muchos frutos. Así la Palabra de Dios es poderosa, pues un versículo tiene el poder para transformar la vida de muchas personas, y hacerlas crecer en la gracia salvadora de Jesucristo.

Como el maligno sabe de este poder, roba la Palabra de Dios depositada en la vida de las personas. Además la Biblia es la espada del cristiano, así es que cuando tomamos nuestra Biblia, estamos entrando en un combate espiritual; por eso el enemigo se pone listo para desarmarnos, quitando la Palabra. Cuántos sermones hemos escuchado, y cuántos de ellos hemos practicado; ¿será que nos han robado la Palabra?

¿Cómo lo hace? Usa la influencia de nuestros cercanos, amigos o compañeros. Por ejemplo nos preguntan qué hicimos el domingo, contestamos que escuchamos un mensaje acerca de que Dios creó todas las cosas; entonces nos dicen que recientemente un “científico” dijo que Dios no existe; si esto nos convence: La Palabra ha sido robada. Las ocupaciones de la vida son otro medio por el cual el enemigo roba la Palabra. Si no apartamos tiempo para regar, cuidar de la semilla de la Palabra de Dios, ésta será fácilmente robada por el maligno.

DE NUESTRAS PALABRAS, Eclesiastés 5.4.

Dios es un Dios de pactos, es decir de promesas que son fieles y verdaderas; por ejemplo el pacto de gracia, en donde promete salvarnos del pecado y la muerte, por medio de la obediencia y justicia de su Hijo Jesucristo. Nosotros como hijos de Dios, también somos personas de pactos, de promesas. No hay hijo de Dios que no haya hecho promesas.

Hicimos promesas cuando fuimos bautizados, y recibidos como miembros de la iglesia, cuando nos casamos, bautizamos a nuestros hijos; y al consagrarnos en la sociedad femenil o de esfuerzo cristiano. ¿Cuántas de estas promesas estamos cumpliendo?

El maligno  roba nuestras palabras de manera que lo que hacemos contradiga lo que decimos. Así consigue quitarnos credibilidad, confianza y poder. Una vez que perdemos esto, cuando hablamos, nadie hace caso; sus pensamientos son: “primero que lo haga él”; “él lo dice, pero no lo hace, ¿por qué tengo que hacerlo yo?”.

El robo de nuestras palabras nos lleva a la falta de integridad, y esto es como una bola de nieve que crece, hasta que estamos mal en muchas áreas de nuestra vida. Por el Eso el Señor nos dice que cuando hacemos promesa no tardemos en cumplirla, para que no se nos olvide y nos sea robada.

LA IMPLANTACIÓN DE LA PALABRA DEL ENEMIGO, Mateo 16.21-23.

El malo no solamente roba la Palabra de Dios o nuestras palabras, sino que siembra la suya, una semilla mala. Un ejemplo de esto es el caso del discípulo Pedro. Tan pronto como había declarado que Jesucristo es el Hijo del Dios viviente, Pedro le dijo al Señor que no le aconteciera lo concerniente a su crucifixión. Nuestro Señor le dijo: apártate de mí Satanás.

No significa que el diablo poseyó el corazón de Pedro, sino que Satanás influyó en la mente de Pedro, con el pensamiento de aquel tiempo. La cultura judía era que se podía ser salvo con oración, las obras o la Ley; así es que los judíos no tenían la mentalidad de la necesidad de un Salvador de sus pecados; ellos esperaban un Mesías civil, que los liberara del poder de Roma. Pedro se dejó llevar por esta cultura y por eso se puso como Satanás, en contra del propósito salvador de Jesucristo por medio de la cruz.

El maligno sigue usando la influencia de la cultura para sembrar sus ideas malas. Por ejemplo en las redes sociales. Cuando nuestros contactos suben pensamientos que parecen buenos, y damos un me gusta; como el que dice: “ayúdate, que yo te ayudaré”. O cuando compartimos ideas que son malas a simple vista, como groserías o mensajes de protesta en contra de los gobiernos. Estamos permitiendo que la palabra del enemigo se siembre en nuestra vida.

Pero es nuestro deber estar vigilantes para que Satanás no ponga sus palabras en nuestro corazón, y no nos aparte del camino de nuestro Salvador Jesucristo.

HERMANOS: ¿Cómo evitar que seamos robados?

Primeramente con oración. Debemos orar antes de leer, meditar, estudiar o escuchar la Palabra de Dios, para que el Espíritu Santo sea nuestro Maestro. Y también debemos orar al terminar para que el maligno no robe la Palabra.

En segundo lugar debemos, poner atención en la Palabra de Dios para entenderla. No podemos darnos la concesión de recibir la Palabra sin entenderla. Porque precisamente el malo la roba cuando no ha sido comprendida. Podemos preguntar a los maestros y pastores cuando tengamos dudas. Nunca nos quedemos sin entender las Escrituras.

Y debemos llenar nuestra vida de la Palabra de Dios, en lugar de citar palabras de hombres, y ponerla en nuestro perfil, mejor compartamos la bendita Palabra de Dios.

Si evitamos que la Palabra nos sea robada, podremos ser como la buena tierra que lleva mucho fruto para la honra y gloria de nuestro Dios.

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