Archivos diarios: 13/08/15

EVITANDO EL ROBO DE LA PALABRA

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MATEO 13.19.

“Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el malo, y arrebata lo que fué sembrado en su corazón: éste es el que fué sembrado junto al camino”.

Como sabemos siempre ha habido ladrones, y cada vez están mejor capacitados para robar superando los mejores sistemas de seguridad. Es bueno que nos cuidemos de los ladrones; Pero hay un ladrón que no está interesado en robarnos el dinero, automóvil o demás bienes materiales; pues él es un ladrón de las palabras, de él debemos cuidarnos principalmente. Se trata de Satanás quien de acuerdo al pasaje citado arriba, roba la Palabra de Dios depositada en los corazones. Veamos cómo podemos evitar este robo.

DE LAS SANTAS ESCRITURAS, Mateo 13.1-4.

El Señor Jesús mandó a sus discípulos a predicar a las ovejas de Israel, el arrepentimiento de pecados porque el reino de Dios se ha acercado. Los resultados que se tuvieron no fueron los esperados. Para animar a los discípulos el Señor contó la parábola del Sembrador que nos enseña que no siempre la Palabra de Dios cae en buena tierra.

En esta parábola el Señor nos dice que su Palabra es como una semilla. Consideremos que de una semilla nace una planta, que posteriormente se convierte en un árbol grande que lleva muchos frutos. Así la Palabra de Dios es poderosa, pues un versículo tiene el poder para transformar la vida de muchas personas, y hacerlas crecer en la gracia salvadora de Jesucristo.

Como el maligno sabe de este poder, roba la Palabra de Dios depositada en la vida de las personas. Además la Biblia es la espada del cristiano, así es que cuando tomamos nuestra Biblia, estamos entrando en un combate espiritual; por eso el enemigo se pone listo para desarmarnos, quitando la Palabra. Cuántos sermones hemos escuchado, y cuántos de ellos hemos practicado; ¿será que nos han robado la Palabra?

¿Cómo lo hace? Usa la influencia de nuestros cercanos, amigos o compañeros. Por ejemplo nos preguntan qué hicimos el domingo, contestamos que escuchamos un mensaje acerca de que Dios creó todas las cosas; entonces nos dicen que recientemente un “científico” dijo que Dios no existe; si esto nos convence: La Palabra ha sido robada. Las ocupaciones de la vida son otro medio por el cual el enemigo roba la Palabra. Si no apartamos tiempo para regar, cuidar de la semilla de la Palabra de Dios, ésta será fácilmente robada por el maligno.

DE NUESTRAS PALABRAS, Eclesiastés 5.4.

Dios es un Dios de pactos, es decir de promesas que son fieles y verdaderas; por ejemplo el pacto de gracia, en donde promete salvarnos del pecado y la muerte, por medio de la obediencia y justicia de su Hijo Jesucristo. Nosotros como hijos de Dios, también somos personas de pactos, de promesas. No hay hijo de Dios que no haya hecho promesas.

Hicimos promesas cuando fuimos bautizados, y recibidos como miembros de la iglesia, cuando nos casamos, bautizamos a nuestros hijos; y al consagrarnos en la sociedad femenil o de esfuerzo cristiano. ¿Cuántas de estas promesas estamos cumpliendo?

El maligno  roba nuestras palabras de manera que lo que hacemos contradiga lo que decimos. Así consigue quitarnos credibilidad, confianza y poder. Una vez que perdemos esto, cuando hablamos, nadie hace caso; sus pensamientos son: “primero que lo haga él”; “él lo dice, pero no lo hace, ¿por qué tengo que hacerlo yo?”.

El robo de nuestras palabras nos lleva a la falta de integridad, y esto es como una bola de nieve que crece, hasta que estamos mal en muchas áreas de nuestra vida. Por el Eso el Señor nos dice que cuando hacemos promesa no tardemos en cumplirla, para que no se nos olvide y nos sea robada.

LA IMPLANTACIÓN DE LA PALABRA DEL ENEMIGO, Mateo 16.21-23.

El malo no solamente roba la Palabra de Dios o nuestras palabras, sino que siembra la suya, una semilla mala. Un ejemplo de esto es el caso del discípulo Pedro. Tan pronto como había declarado que Jesucristo es el Hijo del Dios viviente, Pedro le dijo al Señor que no le aconteciera lo concerniente a su crucifixión. Nuestro Señor le dijo: apártate de mí Satanás.

No significa que el diablo poseyó el corazón de Pedro, sino que Satanás influyó en la mente de Pedro, con el pensamiento de aquel tiempo. La cultura judía era que se podía ser salvo con oración, las obras o la Ley; así es que los judíos no tenían la mentalidad de la necesidad de un Salvador de sus pecados; ellos esperaban un Mesías civil, que los liberara del poder de Roma. Pedro se dejó llevar por esta cultura y por eso se puso como Satanás, en contra del propósito salvador de Jesucristo por medio de la cruz.

El maligno sigue usando la influencia de la cultura para sembrar sus ideas malas. Por ejemplo en las redes sociales. Cuando nuestros contactos suben pensamientos que parecen buenos, y damos un me gusta; como el que dice: “ayúdate, que yo te ayudaré”. O cuando compartimos ideas que son malas a simple vista, como groserías o mensajes de protesta en contra de los gobiernos. Estamos permitiendo que la palabra del enemigo se siembre en nuestra vida.

Pero es nuestro deber estar vigilantes para que Satanás no ponga sus palabras en nuestro corazón, y no nos aparte del camino de nuestro Salvador Jesucristo.

HERMANOS: ¿Cómo evitar que seamos robados?

Primeramente con oración. Debemos orar antes de leer, meditar, estudiar o escuchar la Palabra de Dios, para que el Espíritu Santo sea nuestro Maestro. Y también debemos orar al terminar para que el maligno no robe la Palabra.

En segundo lugar debemos, poner atención en la Palabra de Dios para entenderla. No podemos darnos la concesión de recibir la Palabra sin entenderla. Porque precisamente el malo la roba cuando no ha sido comprendida. Podemos preguntar a los maestros y pastores cuando tengamos dudas. Nunca nos quedemos sin entender las Escrituras.

Y debemos llenar nuestra vida de la Palabra de Dios, en lugar de citar palabras de hombres, y ponerla en nuestro perfil, mejor compartamos la bendita Palabra de Dios.

Si evitamos que la Palabra nos sea robada, podremos ser como la buena tierra que lleva mucho fruto para la honra y gloria de nuestro Dios.

LA RAZÓN DE NUESTRA ALABANZA A DIOS

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La alta crítica dice que Job no es un personaje real; porque ¿quién puede sufrir tanto, y tener la actitud de alabanza que vemos en Job en los primeros dos capítulos del Libro? Sin embargo sabemos que Job es un personaje histórico y real porque es citado en varios pasajes de la Palabra de Dios, por ejemplo en Santiago 5.11.

EL TESTIMONIO DE DIOS SOBRE SUS HIJOS, Job 1.8.

Dios presentó a Job como un varón con características excepcionales. Job era un siervo de Dios, único, perfecto, recto, temeroso y santo. Hasta aquí podemos contar seis características en la vida de Job. Pero hay una más que es la base de estas seis: Job era un creyente en Dios, un creyente en el Mesías que vino a rescatarnos del pecado y la condenación.

Sabemos que Job era un creyente en Cristo, porque ofrecía sacrificios por sus pecados y los de sus hijos, anunciando el sacrificio perfecto de Jesús el Hijo de Dios. Además Job dio testimonio de su fe en Cristo cuando dijo: “Yo se que mi Redentor vive…, Al cual yo tengo de ver por mi, y mis ojos lo verán, y no otro… ” (Job 19.25-27).

Entonces debemos entender que el testimonio que Dios dio de Job, es porque este varón había sido justificado por Cristo. De manera que cuando Dios miraba a Job, en realidad miraba a su Hijo en su corazón. Dicho en otras palabras, las características de Job eran el fruto de ser un creyente en Cristo, de ser redimido por el Señor.

En este sentido, todos los creyentes en Cristo, podemos y debemos tener un testimonio como el que Dios dio de Job. Pues la Palabra de Dios dice, que si estamos en Cristo, nuevas criaturas somos, 2 Corintios 5.17. Debemos asumir esta nueva identidad que Jesucristo nos ha dado.

LA TESIS DEL MALIGNO, Job.1.9-12; 2.3-6.

Cuando Satanás escuchó el testimonio que Dios dio de Job, lo admitió. No encontramos que el maligno haya desmentido a Dios, o hiciera mención de pecados en la vida de Job que se hubieran pasado por alto.

Sin embargo, Satanás dijo al Señor que Job temía a Dios, porque él lo había bendecido y su hacienda había crecido. Es decir que el Diablo presentó esta tesis a Dios: “Job te teme por lo que le das”. El Señor entonces permitió a Satanás quitarle sus bienes, y aun la salud; para probarle que estaba equivocado. Fue una prueba muy difícil: perder su gran hacienda; sepultar a sus hijos; y quedar postrado por aquella sarna maligna.

Puede parecer que Dios se estaba arriesgando cuando le permitió a Satanás arrebatar a Job lo que él le había dado; pero no es así. Se puede pensar que Dios confiaba mucho en Job como para permitir que fuera probado de esta manera tan terrible; esto tampoco es verdad. Dios permitió que Job fuera probado, y sabía que este varón iba a vencer; porque la fe y frutos en la vida de Job, eran la Obra perfecta del Señor en la vida de su siervo. Satanás no se estaba metiendo con Job, sino con el Señor mismo que estaba en el corazón de Job.

LA PRESENCIA DE DIOS EN NUESTRAS VIDAS, Job. 1.20-22; 2.9-10.

La prueba de Job fue muy difícil. Además de perder sus, bienes, hijos y salud, perdió la comprensión de su esposa y amigos. Su mujer le dijo: “Bendice a Dios y muérete”; el mensaje es el siguiente: “Tu has sido bueno, has bendecido al Señor, y mira lo que te hace, sigue bendiciéndolo para que de una vez mueras; tu eres bueno el Señor es malo”.

Los amigos de Job al verle lloraron y permanecieron en silencio durante siete días. Su silencio decía más que mil palabras, este era el mensaje: “Qué pecado cometiste hermano, que Dios te ha dado este tremendo castigo; Dios es bueno y él no te haría esto a no ser que te hayas portado muy mal”. Ellos hablaron sin entendimiento.

Sin duda que en la situación en la que Job se encontraba también perdió la admiración de sus vecinos (Job 29); él había sido un hombre respetado; y qué terrible es cuando un varón pierde el respeto de los que le rodean.

Sin embargo Job no dejó de alabar a Dios; él dijo: “Jehová dio, y Jehová quitó, sea el nombre de Jehová bendito”. La tesis de Satanás fue reprobada; aun cuando Job perdió mucho, él no blasfemó al Señor, sino que siguió bendiciendo su Nombre. La presencia de Dios en el corazón de Job, le hizo vencedor.

HERMANOS:

Nosotros no alabamos a Dios por lo que nos da, por lo tanto no dejamos de alabarle si no nos da. Le alabamos porque él vive en nuestro corazón. Y como su presencia en nuestra vida es permanente, nunca cesarán nuestros labios de bendecir su Santo Nombre.

Es muy importante que estemos conscientes y convencidos de esta verdad, de manera que no seamos volubles; sino que alabemos al Señor con amor y fidelidad.

Si la presencia de Dios en nuestras vidas es la razón de nuestra alabanza al Señor, entonces nuestra adoración será como perfume grato a nuestro Dios y Salvador.

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