Sin temor al cruzar el valle de sombra de muerte.

“Sin temor al cruzar el valle de sobra de muerte”.

ovejas-sin-pastor

 Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Salmo 23.4.

 Estas palabras escritas por el rey David con la inspiración del Espíritu Santo, hacen alusión al traslado que hacía un pastor de sus ovejas a las montañas. Cuando se terminaban los pastos de las planicies, el pastor llevaba a su rebaño a las alturas de las montañas para disfrutar de pastos nuevos, frescos y nutritivos.

 Para llegar a las montañas, el pastor y sus ovejas, tenían que cruzar valles peligrosos, llenos de animales salvajes como lobos, osos y aun leones; también se exponían a los ladrones, que podían incluso arrebatar la vida del pastor. Por ello David llama a estos valles, de sombra de muerte.

 Sin embargo David había visto que su rebaño le había seguido tranquilo, porque su presencia le daba seguridad. El rey medita en que de la misma manera podemos seguir en paz, sin temor, porque Jehová nuestro Pastor, nos cuida con su vara, y nos guía con su cayado.

 Si aplicamos a nuestra vida esta hermosa porción del Salmo 23, diremos que No habremos de estar para siempre en las planicies de la vida, un día se terminará la estancia para nosotros, cuando nos toque morir. Dios quiere llevarnos a la ciudad celestial. La Palabra de Dios llama al cielo, “La Jerusalem Celestial”; la ciudad que está en el Monte del Señor.

 La ciudad de Dios, es un lugar maravilloso porque se disfruta de la presencia directa del Señor. Además de que allí no hay envejecimiento, enfermedades, ni muerte; por lo tanto no hay dolor, ni lágrimas. Tampoco hay maldad, el pecado no tiene entrada; es un lugar hermoso, seguro y donde se disfrutan de la paz y gozo de una manera plena y eterna.

 Para llegar a la Ciudad Celestial, es necesario pasar por el valle de sombra de muerte. Y Dios nos ofrece cruzar por la muerte sin temor. Realmente podemos hacerlo, si consideramos que el Señor Jesús pasó por la muerte con el propósito de pagar nuestros pecados, y resucitó para ir a prepararnos lugar en la Casa de su Padre Celestial. Él ya cruzó este valle, nos espera allá; pero también nos promete ir con nosotros paso a paso.

 Es importante observar que David llama a este valle: “valle de sombra de muerte”; no le llama valle de muerte; sino valle de sombra de muerte.

 Para entender esto es necesario saber que la Palabra de Dios nos dice que toda persona por ser pecadora debe morir; debe enfrentar la muerte física, que es la separación del alma del cuerpo; y debe experimentar la muerte eterna, que significa la separación para siempre de Dios, en un lugar de tormento, (Romanos 6.23).

 Pero Jesucristo que nos ama tanto vino a pagar nuestros pecados con sus sufrimientos y muerte en la cruz del calvario. Vino a librarnos del poder del pecado y la muerte con su resurrección. Jesús puso fin al poder de la muerte; él le dice a la muerte: “Muerte, yo soy tu muerte”.

 Ahora todo aquel que reconoce sus pecados, se aparta de ellos y cree en Jesús como su Salvador, como el único medio para lavar sus pecados; puede morir físicamente, pero no espiritualmente.

 Los creyentes en Cristo al morir van directa e inmediatamente a la ciudad de Dios. Sus cuerpos se tornan a la tierra; y resucitarán cuando Cristo venga por su Iglesia a las nubes (1 Tesalonicenses 4.13-18); con el propósito de que estemos con el Señor en alma y cuerpo perfectos. Por ello el Señor Jesús dice que el que cree en Él, aunque esté muerto vivirá, (Juan 11.25).

 La muerte para los creyentes, es solamente la sombra de la muerte; la muerte ya no tiene poder sobre nosotros; nuestro Pastor la venció.

 Lo importante ahora, si usted ya cree en Cristo como su Salvador, es que le siga, es decir que viva en comunión con él, en oración, en lectura de la Biblia y en adoración. Jesús dice que sus ovejas oyen su voz y le siguen. Si no es así, hoy dígale a Jesús que perdone sus pecados y que le lave con su sacrificio realizado en la cruz, dígale a Cristo que cree en él como su único y suficiente Salvador. Él le salvará del tormento eterno y le dará un lugar en su reino como hijo de Dios.

 Caminemos siguiendo a nuestro Pastor Jesucristo, hagámoslo sin temor, porque él va al frente, con su vara para protegernos, y con su cayado para guiarnos cuando el enemigo trata de desviarnos por caminos de perdición.

 Sigamos con fidelidad, un día habremos de cruzar el valle de sobra de muerte, y nuestro Señor nos recibirá en sus brazos, en aquella ciudad hermosa.

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