La encomienda de Dios respecto a la mujer.

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1 ENCOMIÉNDOOS empero á Febe nuestra hermana, la cual es diaconisa de la iglesia que está en Cencreas: 2 Que la recibáis en el Señor, como es digno á los santos, y que la ayudéis en cualquiera cosa en que os hubiere menester: porque ella ha ayudado á muchos, y á mí mismo. Romanos 16.

Desde que el hombre cayó en pecado y su naturaleza quedó totalmente en corrupción, ha maltratado a la mujer. Con mucha tristeza vemos que la mujer ha sido tenida en menor valor que el hombre; ha sido marginada; muchas veces golpeada tanto verbal como físicamente. Muchas mujeres han sido víctimas de trata de personas, han sido tratadas como objetos; obligadas a vender sus cuerpos. Muchas de ellas han sido asesinadas.

Es horrendo que los hombres que han hecho estas cosas terribles, son los encargados de cuidar de la mujer: padres, padrastros, familiares, maestros, hermanos, amigos, compañeros.

Pero es más terrible ver lo que esta violencia genera en el corazón de las mujeres. Muchas de ellas llegan a creer que esto es normal, que está bien; piensan incluso que lo merecen. Y aunque muchas veces se les ofrece ayuda no quieren salir de esto. La maldad que han sufrido ha hecho insensible su corazón.

¿Qué esperanza tiene la mujer? ¿Cuál es la respuesta?

Jesucristo es la esperanza de una vida nueva, de una vida maravillosa para la mujer.

Jesús vino a enseñarnos que la mujer tiene el mismo valor que el varón, nos enseñó que la mujer es muy importante en el plan salvador de Dios, de manera que el Señor Jesús vino al mundo por medio de una mujer, María.

Jesús nos muestra la utilidad de la mujer en el reino de Dios, en el hecho de que fue ayudado en su ministerio por mujeres que fueron rescatadas del pecado y la condenación por él: Y Juana, mujer de Chuza, procurador de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus haciendas, Lucas 8.3.

En una ocasión el Señor Jesús rompiendo todos los paradigmas, se acercó a una mujer samaritana. Aunque esta mujer había tenido una vida inmoral; el Señor le habló con respeto y amor, y le salvó de sus pecados. Jesús transformó la vida de la samarita, de manera que pasó de ser una mujer marginada a ser una misionera de Dios, Juan 4.

Así mismo Jesucristo dio a las mujeres el privilegio de ser las primeras en verle después de su resurrección.

En el pasaje de Romanos 16.1,2, el Señor Jesucristo por medio del apóstol Pablo nos hace un encargo, nos manda cuidar y ayudar a las mujeres.

Primero veamos cómo la Palabra de Dios no es un libro machista como algunos ignorantes dicen; sino que dignifica a la mujer.

San Pablo encomendó a la iglesia de Roma que recibiera a Febe. El nombre de la hermana Febe, significa pura, no sabemos mucho de ella. Era de Cencreas, un puerto a unos 5 kilómetros de la ciudad de Corinto.

Pablo da unos calificativos hermosos a Febe. Le llama hermana, con lo cual quiere decir que tanto hombres como mujeres somos hijos de Dios en Cristo, somos hermanos y herederos del reino de Dios; estamos en una posición de igualdad a los ojos del Señor. Le llama diaconisa, es decir servidora, en otras palabras, útil para el reino de Dios. Somos testigos que las mujeres siempre han sido muy trabajadoras en la Iglesia. También se refiere a Febe como santa, es decir apartada por Dios para Dios.

San Pablo pidió a los romanos que ayudaran a Febe, porque ella le había ayudado en la obra misionera. Muchas veces de manera equivocada algunos hombres, incluidos los cristianos piensan que quien debe ayudar es la mujer al hombre, pero no el hombre a la mujer. La Biblia nos enseña que la ayuda es mutua; y que el hombre tiene el deber de servir a la mujer.

Dios nos manda a los varones, como esposos, hijos, hermanos, amigos, o compañeros, cuidar y ayudar a las mujeres. Es importante preguntarnos ¿quién es Febe? Febe es nuestra madre, esposa, hija, hermana, o hermana en Cristo.

¿Qué pasa si no cumplimos? ¿Qué pasa si como hombres en lugar de cuidar de las mujeres las marginamos y maltratamos?

San Pedro escribió a los esposos lo siguiente: Vosotros maridos, semejantemente, habitad con ellas según ciencia, dando honor á la mujer como á vaso más frágil, y como á herederas juntamente de la gracia de la vida; para que vuestras oraciones no sean impedidas, (1 Pedro 3.7). Si no cuidamos de las mujeres, si no cuidamos de Febe, Dios no escuchará nuestras oraciones.

Muchas veces nos preguntamos porque nuestros proyectos o empresas no tienen los resultados que esperábamos. Es posible que sea porque no hemos cuidado de la Febe que Dios puso en nuestra vida.

Como hijos verdaderos de Dios, cuidemos, apoyemos, y amemos en Cristo a las Febe que el Señor nos ha encargado. De manera que podamos entregar buenas cuentas de nuestra administración como varones a Dios; y para que seamos grandemente bendecidos por el Señor.

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