Jesús se presenta a sus discípulos.

“JESÚS SE PRESENTA A SUS DISCÍPULOS”

“Luego dice á Tomás: Mete tu dedo aquí, y ve mis manos: y alarga acá tu mano, y métela en mi costado: y no seas incrédulo, sino fiel. Entonces Tomás respondió, y díjole: ¡Señor mío, y Dios mío!”. Juan 20.27-28.

El Señor Jesús se presentó a sus discípulos, pero no se encontraba Tomás. Cuando los otros discípulos le contaron que habían visto al Señor, Tomás dijo que no creería si no viere la señal de los clavos, y metiere sus dedos; y su mano en su costado. Ocho días después el Señor se volvió a presentar estando Tomás.

EL PRIMER DÍA DE LA SEMANA

La Palabra de Dios dice que Jesús se presentó a sus discípulos ocho días después, por lo tanto también era el primer día de la semana. El Señor quería que sus discípulos entendieran que este día debía ser el nuevo día de reposo, un día de gozo para conmemorar la consumación de la Obra de Redención.

Los discípulos de Jesús se encontraban encerrados por miedo a los enemigos del Señor. Apenas habían pasado tres días, de que el Maestro había sido crucificado, los apóstoles temían que les encontraran y también les mataran.

Entonces el Señor Jesús se presentó en medio de ellos y les saludo diciendo: Paz a vosotros. Esto era más que un saludo, era una manera de decir estoy con ustedes, ya no tengan temor. Jesucristo es el único que puede darnos la paz verdadera, echando fuera todo temor. Cuando recibimos a Jesús, él nos da paz, una paz interior al saber que tenemos herencia en los cielos. Paz no significa ausencia de problemas; sino tranquilidad en medio de ellos, por la seguridad de que somos salvos y el Hijo de Dios está con nosotros.

PARA QUE TOMAS CREYERA

Jesús se volvió a presentar a sus discípulos, estando también Tomás. El Señor le dijo a Tomás las mismas palabras que este apóstol dijo a los otros discípulos; Jesucristo le dijo que metiera su dedo, viera sus manos, y metiera su mano en su costado. Esto nos enseña que debemos de ser muy cuidadosos al hablar, ya que el Señor toma en cuenta cada una de nuestras palabras.

El Señor también le dijo a Tomás que no fuera incrédulo, sino fiel o creyente. Parece ser que Tomás era uno de los más incrédulos, tal vez esta era la razón por la que no se encontraba presente cuando el Señor se presentó la primera vez. Jesús lo exhortó a creer.

No dice la Palabra de Dios que hubiera necesidad de que Tomás metiera su dedo y su mano. Simplemente al ver a Jesús le dijo: Señor mío y Dios mío. Esta fue la declaración de fe de Tomás. Con esta respuesta Tomás declaró que sí creía en Cristo como su Dios y Poseedor. Muchos hoy creen en Cristo como un gran hombre, pero no como Dios. Para ser salvos debemos creer en el como Salvador y Dios.

Muchos creen en Cristo como el hombre elevado a Dios, pero nosotros creemos en él como Dios hecho hombre, para ocupar nuestro lugar en la cruz. La gente que no cree en Jesús como Dios le rinde homenaje, los que creemos en Cristo como Dios, le adoramos y él se complace en esto; Jesús no rechazó la adoración de Tomás.

LA BIENAVENTURANZA DE CREER POR FE.

El Señor le dijo a Tomás que había creído porque le había visto. Si nos ponemos en los zapatos de los discípulos podemos entender su incredulidad. El Señor quedó destrozado, humanamente hablando, no era posible que resucitara. No sólo Tomás sino también los demás discípulos no creían que el Señor realmente resucitaría.

Jesucristo de manera misericordiosa para quebrantar su incredulidad, les dio a los once pruebas abundantes de su resurrección. Dios nos da evidencias de la realidad de sus promesas para fortalecer nuestra fe.

El Señor le dijo a Tomás que son bienaventurados los que no vieron y creyeron. Todos los hijos del Señor debemos creer a Cristo simplemente porque él lo dice, ya que Dios no miente, ni se arrepiente. La Palabra de Dios dice que la fe es por el oír, no por el ver; por oír y creer en la Palabra de Dios.

HERMANOS: Tomás y los demás apóstoles quedaron convencidos de la realidad de la resurrección del Señor, la prueba está en que todos, dieron sus vidas por Cristo. Si ellos sólo hubieran inventado el mensaje de la resurrección de Cristo, no hubieran dado su vida por predicar esta verdad.

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