BENDICIONES PARA LOS AMADOS DE DIOS

Salmo 108

El Salmo 108 está formado de partes de dos salmos. Los versículos 1-5, del Salmo 57.7-11; que David compuso cuando huía del rey Saúl. Los versículos 6-13, del Salmo 60.5-12; que David escribió, después de que el Señor le dio victoria sobre varias naciones. El hecho de que el Salmo 108 se forme de estos dos salmos, nos indica que era especial para el rey David; y que es conveniente analizar su contenido.

Este salmo nos habla de:

ALABANZA, 1-4.

Con disposición de corazón. Tenemos la bendición de alabar a Dios con disposición, es decir de una forma decidida; por que de toda su creación en la tierra a nosotros nos hizo con voluntad, con la facultar de elegir. Esta es nuestra gloria, que fuimos hechos superiores a toda la creación, solamente menores que los ángeles. Por lo tanto es necesario que tomemos la determinación de alabar a Dios, de forma individual, como familia y con la Iglesia.

Con presteza. Nuestra alabanza a Dios debe ser también con prontitud, con viveza. Hemos escuchado que algunos predicadores dicen a veces: “si no tienes ganas de alabar a Dios, no lo hagas”; “si no tienes deseos de venir a la casa de Dios no lo hagas”; “es mejor que no vengas sino lo anhelas; a que vengas de malas”. Pero el Señor nos enseña que la alabanza es un privilegio y un mandamiento que debemos obedecer con presteza. Si no tienes ganas, ven, acude a la comunión con Dios; no te vas a arrepentir, pues serán bendecido. Dios no nos dice ven si tienes ganas. En domingo como en otros días que hay actividades espirituales, no son sugerencias de Dios, sino convocatorias.

Sin avergonzarnos del Señor. Nuestra Alabanza debe ser para dar testimonio a los pueblos, a las naciones. No nos debemos avergonzar de nuestro Dios, para que el Señor no se avergüence de nosotros. Debemos dar testimonio de nuestra Alabanza, porque nuestro Dios es grande en su misericordia y verdad. Cuando cantamos, oramos o realizamos otros actos de adoración al Señor, fuera del templo, debemos hacer a viva voz, sin avergonzarnos de Dios; pues él es el Hacedor de todas las cosas y el Único Dios Vivo y verdadero.

VICTORIA SOBRE LOS ENEMIGOS, 5-8.

Este salmo nos enseña que Dios nos da:

Dios muestra su grandeza en sus amados, en su pueblo, cuando lo libra de sus enemigos. El Señor no dejará a sus hijos en las manos de sus verdugos; porque su nombre no puede ser tomado en vano. El pueblo del Señor siempre ha tenido enemigos que Dios permite para mostrar su gloria.

La experiencia del rey David es un testimonio de esta verdad. Dios dio a David, victoria sobre sus enemigos. De manera que David repartió Siquem, ciudad al norte de Jerusalem; y midió el valle de Sucot, al este del Jordán; es decir que conquistó la tierra para el pueblo de Dios. Su reinó abarcó la tierra prometida a los dos lados del Jordán: Galaad y Manasés. Al centro Efraim y Judá, en esta ultima parte, estableció su capital. Al sur los Moabitas e Idumeos le fueron siervos; y aun venció a los Filisteos.

Nosotros como pueblo de Dios tenemos enemigos espirituales, que son el Diablo y sus huestes. Tenemos como enemigos al mundo que no conoce a Dios. Y aun nuestra propia carne batalla contra nosotros. ¡Estamos rodeados!. Pero el Señor nos dará la victoria para no ser destruidos por estos enemigos.

Victoria para que lleguemos al cielo a la presencia de Dios; para que seamos fieles a nuestros ministerios; para que nuestro matrimonio perdure; y que nuestra familia permanezca unida y contribuya a una Iglesia fuerte. Debemos tener paz en la batalla porque el Señor ya nos ha dado la victoria.

SOCORRO EN LA ANGUSTIA, 9-13.

Ciertamente el Señor al igual que David nos guiará hasta la ciudad fortalecida, y extenderá su reino hasta Idumea. Pero él también permitirá que aun estemos en batalla. Al Salmista le parecía que Dios los había desechado; recordemos los salmos son poesía lírica, en donde se le permite a los escritores externar sus sentimientos. Dios no había desechado a su pueblo, pero sí había permitido la batalla; por eso David se sentía solo.

Tenemos asegurada la victoria pero es necesario que estemos todavía en batalla. El conflicto nos mantiene en forma espiritual, ya que nos lleva a orar, leer la Palabra de Dios y buscar la comunión con el en todos los medios de gracia que nos ha dado.

Lo importante es recordar que mientras estamos en la batalla contamos con el socorro del Señor. Es decir con la ayuda en fortaleza espiritual de nuestro Dios. No debemos desesperarnos y poner nuestra confianza en los hombres. El mundo ofrece esperanza engañosa. En el conflicto, el mundo miente cuando dice: “el camino es la venganza”; “si tienes problemas en tu matrimonio, lo mejor es que lo dejes”. Si la iglesia o tu ministerio te agobia: “en tu lugar yo dejaría todo esto, no vale la pena”. Son salidas engañosas, que no resuelven la batalla sino que la hacen más grande.

 Pero el socorro de Dios es efectivo y su victoria definitiva; haremos proezas en el Señor porqué él hollará nuestros enemigos. Ningún enemigo del pueblo de Dios es para siempre, todos serán destruidos por el Señor, a su tiempo; por lo tanto no debemos desesperar, sino esperar en el Señor.

 HERMANOS:

Todo lo que hemos visto son las bendiciones de Dios para sus amados, es decir para sus hijos.

Lo importante es tener la convicción de que somos sus amados. Recordemos que para ser hijos de Dios es necesario apartarnos de nuestros pecados y creer en Cristo como nuestro único y suficiente salvador.

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