LA OBRA DEL ESPÍRITU SANTO, editorial.

“Porque el mismo Espíritu da testimonio á nuestro espíritu

que somos hijos de Dios”. Ro. 8.16.

Cuando abrimos un libro de teología, notaremos que es más lo que se escribe acerca del Padre y del Hijo que del Espíritu Santo. En nuestros himnarios, la parte dirigida al Espíritu Santo, es menor. Y cuando oramos hacemos poca mención de la Tercera Persona de la Trinidad.

Es necesario dar el reconocimiento y adoración al Espíritu Santo, ya que Él aplicó la Obra de Redención en nuestras vidas. Analicemos la Obra del Espíritu Santo.

ADOPTARNOS COMO HIJOS DE DIOS.

Somos adoptados como hijos de Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; pero el Espíritu Santo es quien aplica la adopción en nuestro favor. Ser hijos de Dios por adopción es un acto de amor del Señor porque lo hizo de manera incondicional y con iniciativa.

El Espíritu Santo nos da el espíritu de adopción y no de servidumbre, es decir que nos hace libres de las cadenas de pecado y condenación; y nos da poder para ya no servir al pecado sino a Cristo.

También el Espíritu Santo confirma nuestra fe, en que somos hijos de Dios. Los afanes de la vida, pecados, negligencia espiritual, entre otros, pueden disminuir nuestra fe. Pero el Espíritu Santo se encarga de confírmanos. No solamente nos trajo a nueva vida, sino que nos sostiene en ella.

HACERNOS HEREDEROS Y COHEREDEROS

El Espíritu Santo al aplicar la obra salvadora en nuestro corazón, nos hace herederos de Dios. Somos herederos de sus promesas, de sus bendiciones, y de un lugar en la Casa del Padre.

Pero también nos hace coherederos de Cristo. Es decir que nos hace a la imagen del Señor. La salvación no solamente es un pase al cielo, sino es una nueva vida en Dios. Por eso dice San Pablo que podemos clamar Abba Padre, es decir que ahora tenemos comunión-relación con Dios.

Esto no significa que somos hechos Dios. No debemos olvidar que la distancia entre Dios y nosotros es infinita. Por eso cuando el Señor Jesús nos enseñó la oración del Padre Nuestro, dice: Santificado sea tu nombre; para que siempre recordemos que debemos allegarnos con reverencia y humildad, pues el Señor es Dios.

GLORIFICARNOS

El Espíritu Santo nos ha de glorificar, es decir que nos guiará y transformará hasta que estemos en el cielo, perfectos.

Al morir, hará nuestra alma perfecta para que entremos a la presencia santa de Dios. Y levantará nuestros cuerpos en incorrupción cuando Cristo venga por su iglesia. Para que estemos con Dios en alma y cuerpos perfectos e incorruptibles para siempre.

Si estamos vivos cuando el Señor venga a las nubes, entonces transformará nuestra alma y cuerpo en un instante, sin que pasemos por la muerte. La Garantía de esto es la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, la cual es un hecho real.

HERMANOS:

San Pablo dice: “empero si padecemos juntamente con él”, es decir con el Señor.

La vida cristiana no es fácil. Dios es sabio, porque si la vida en Cristo fuera fácil, entonces, ¿en dónde obraría el Espíritu Santo?; nosotros nos las arreglaríamos.

Pero el hecho de que sea difícil, con situaciones que nos rebasan, hace que se manifieste la Obra de Dios. Sólo Dios puede sostenernos en este camino.

No esperemos un camino fácil. Pero también confiemos que el Espíritu Santo nos sostendrá hasta ser glorificados.

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