LA PERMANENCIA DEL MATRIMONIO

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Cantares 8.6-7.

Al hacer al hombre, Dios hizo a la mujer, los unió en matrimonio y los bendijo. El Señor Jesús hizo su primer milagro en una boda, y así bendijo a un matrimonio. Definitivamente que el matrimonio es una institución de Dios, y la diseñó para que dure toda la vida. Pero permanecer en el matrimonio no es fácil, ¿cómo conseguirlo? Veamos lo que la Palabra de Dios nos enseña.

RECORDANDO QUE ES UN PACTO. “Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo”

Desde los tiempos bíblicos en la ceremonia nupcial, los cónyuges se daban anillos como prenda de garantía de cumplir su pacto. ¿por qué anillos y no otra prenda? El anillo al ser circular no tiene fin; de la misma manera el matrimonio no tiene caducidad, no es para una temporada de la vida, sino hasta la muerte. El anillo rodea, de la misma manera el esposo debe rodear a su mujer, es decir cuidarla (Cantares 8.3); y ella también deber cuidar de su marido y darle bien todos los días de su vida. También podemos decir que representa el amor y cuidados infinitos de Dios para el matrimonio.

Las mujeres judías solían llevar siempre, su anillo en un collar; los varones en su dedo. Por eso las palabras: “ponme como un sello sobre…”. Estas prendas eran un sello de identificación de una persona casada, de manera que fuera tratada con respeto, y se esfumaran las intensiones de conquistarla. Así mismo eran un recordatorio del pacto o promesa que se había hecho al cónyuge, de manera que se cumplieran con fidelidad y día a día. Estas siguen siendo las razones de llevar el anillo matrimonial. ¿Ustedes siguen poniéndose su anillo? Si no es así, sorprenda a su esposa este próximo aniversario de bodas, (anótelo en su agenda con varios días de recordatorio); con unos nuevos anillos de boda; venga a la casa de Dios, haga su acción de gracias, y podemos orar para consagrar esos nuevos anillos.

Para la permanencia del matrimonio es necesario, que recordemos que el matrimonio es una promesa que hicimos y debemos cumplir; la hicimos con notros mismos, con nuestro cónyuge, con iglesia, y principalmente ante Dios; y él nos va a pedir cuentas de esta promesa. Cumplamos con nuestros votos, de manera que nos presentemos a Dios aprobados. Lo que sostiene al matrimonio es el pacto que hicimos. Por lo tanto no debemos dar lugar a la separación emocional, espiritual, ni legal en nuestros matrimonios.

HASTA LA MUERTE. “Porque fuerte como la muerte es el amor; duro como sepulcro el celo, sus brazas, brasas de fuego. Fuerte llama”

La Palabra de Dios nos dice que el amor es fuerte como la muerte. Ningún hombre puede escapar de la muerte, nadie puede escapar o vivir sin amor. No se puede resistir a la muerte, cuando el amor surge en corazón no se puede resistir. La muerte pone fin a nuestro peregrinaje en este mundo, el amor conyugal es para esta vida, sólo la muerte pone fin al pacto matrimonial.

Pero no se trata de estar juntos hasta la muerte y ya. No se trata de sobrevivir sino de un matrimonio de bendición. Es decir que los años que Dios conceda de matrimonio deben ser buenos años. Por eso dice también dice la Palabra de Dios que el celo es duro como sepulcro: sus brasas, son fuerte llama. Qué hermoso es cuando después de 30 o 40 años tu cónyuge aun tiene celos de ti; así como Dios tiene celos de su pueblo.

Para lograr esto; es importante que todos los días se practique el amor y el respeto. Que el marido ame, es decir demuestre su amor a su esposa. Y que ella lo respete, le demuestre un especial respeto. Así ambos cónyuges estarán en un círculo de bendiciones. De igual manera es fundamental que el matrimonio mantenga una estrecha relación con Dios, pues sin él nuestros esfuerzos se reducen a nada.

DÁNDOLE EL VALOR QUE DIOS LE DA. “Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre toda la hacienda de su casa por este amor, de cierto lo menospreciaran”

El verdadero amor no deja de ser, no se puede apagar; porque el amor ciertamente es un sentimiento, pero es un sentimiento que nosotros prometimos y que podemos decidir dar a nuestro cónyuge. Si no amamos a nuestro cónyuge, somos los más mentirosos del mundo, ¿cómo podemos decirle a Dios o a otros personas, que las amamos, si no amamos a nuestra pajera?. No debemos creer la mentira de que el amor acaba.

Pero es cierto que es preciso fortalecer, demostrar el amor, dar amor. Y para esto es necesario dar el valor justo al matrimonio. Qué tan importante es para nosotros nuestro matrimonio, nuestra pareja. Por eso dice la Palabra de Dios, que si alguien diera toda su hacienda por el amor, sería rechazado.

Sin embargo cuántas veces damos más valor al trabajo, bienes materiales y a otras personas que a nuestro cónyuge y familia. Imagine que hoy le visita una persona y le ofrece un millón de pesos a cambio de dejar a su cónyuge; o le dice que le dará el puesto de importancia que tanto ha soñado, para que tenga el respeto de toda la empresa, a cambio de que deje de ver a su cónyuge; ¿aceptaría?. ¿no será que es lo que hemos hecho en los últimos años?

Nuestros hermanos Garfias González en sus bodas de oro son testimonio de que después de Dios, nuestro matrimonio tiene un valor incalculable. El trabajo se ha ido, muchos amigos también; algunos familiares se han alejado; los hijos han hecho sus vidas; ¿quién sigue a su lado? ¿quién bendice sus días con un abrazo, una sonrisa? Sí, su cónyuge.

Hermanos: Dice nuestra sociedad actual que el matrimonio y la familia son cosas del pasado. Los resultados son terribles, tenemos una sociedad hundida en males, delitos, falta de valores, y corazones rotos.

Gracias a Dios por los matrimonios que permanecen fieles, como un testimonio que esto es posible.

Los matrimonios que perduran, no son los que no tienen, diferencias, problemas; pues no hay matrimonio que no enfrente adversidades. Incluso hay matrimonios que han permanecido aun cuando hubo infidelidad, porque con la gracia de Dios hubo perdón y reconciliación. Los problemas hacen madurar una relación.

Que Dios siga bendiciendo a nuestros hermanos. Y conceda que nuestros matrimonios, si Dios concede vida, tangan la dicha de permanecer y celebremos también nuestras bodas de plata o de oro.

“A LOS QUE DIOS UNIÓ QUE NINGÚN HOMBRE LOS SEPARE”

EN AUDIO

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