UN ENCUENTRO CON DIOS.

ISAÍAS 6.1-8.

 INTRODUCCIÓN:

Dios ha empleado para la predicación de su Palabra a personas con diferentes trasfondos culturales; a personas como Amós, quien era un campesino; y a Isaías, que era un estadista, un capellán en el reino de Judá. El nombre de Isaías significa, Jehová ha salvado. Veamos el momento en el que Isaías tuvo su encuentro con Dios.

 EN MOMENTOS DIFÍCILES, 1.

Isaías se encontraban en el templo de Dios, en Jerusalem. La Palabra del Señor dice que era el año en que había muerto el rey Uzías. Éste fue un rey que hizo cosas buenas. Hizo frente con éxito a los enemigos, sometiendo aun a los filisteos. Impulsó la agricultura, lo que produjo alimentos para el reino. Y fortaleció a Judá por medio de máquinas de guerra, como las catapultas. Pero nadie es perfecto, y Uzías, ofreció el perfume en el templo; actividad que solamente le correspondía a los sacerdotes; y Dios lo castigó con lepra (1 Crónicas 26).

 Sin duda que Isaías acudió al templo, a buscar a Dios, porque la muerte de Uzías, le produjo tristeza. Además de que aunque ya había otro rey, era preocupante el futuro del reino; pues no todos los reyes hacían lo correcto, muchos fueron malos hombres y gobernantes.

 ¿Cuál es tu situación? ¿Estás pasando momentos difíciles? ¿La pérdida de un ser amado; problemas familiares; necesidades? Dios no desea que suframos, pero permite momentos difíciles; porque nos preparan para conocer a Dios, para tener un encuentro con él. Ya que cuando todo va bien, solemos pensar que no necesitamos del Señor. Los momentos difíciles nos ayudan a voltear al Dios Vivo y Verdadero.

 MANIFIESTA NUESTRO PECADO, 2-5.

 En el templo Isaías tuvo una visión de Dios y su gloria. Vio al Señor en su trono. También vio a serafines que alababan al Señor. De este pasaje aprendemos que los serafines son ángeles enfocados en la adoración de Dios. Sabemos que los ángeles son espíritus, por lo tanto no tienen cuerpo. Pero son seres poderosos, capaces de tomar forma humana, para cumplir la misión de Dios. Las alas de los serafines, representan, su rapidez en obedecer a Dios, su poder, y humildad, pues cubrían sus rostros y pies ante Dios.

Los serafines destacaban la santidad de Dios, decían: “Santo, Santo, Santo”. En el hebreo es la palabra Kadosh, que significa apartado, cortado. Dios es apartado de todo pecado y maldad. Hasta este momento Isaías vio, algo que no había visto en su corazón. Vio su pecado, y tuvo temor de morir, ya que siendo pecador, vio a Dios.

¿Qué piensas de tu condición espiritual? Muchos dicen: “no soy tan malo”, “No soy tan pecador como fulano” “No he pecado mucho”. Si estas ideas llenan tu corazón, entonces aun no has tenido un encuentro con Dios. Todo el que se ha encontrado con el Señor, todo el que le ha conocido, se ha dado cuenta de su estado pecaminoso, de su muerte espiritual; y ha sentido temor, al saber que sus pecados le condenarán a pasar la eternidad separado de Dios; pues el es SANTO.

 NOS LIMPIA PARA VIDA, 6-8.

Isaías debía morir por estar ante Dios, siendo pecador. Pero el Señor en su gracia, mandó que un ángel tocará los labios de Isaías con un carbón tomado del altar. Así fue quitada la culpa y limpiado el pecado de Isaías. Pero esto fue un acto simbólico.

 Tanto para Isaías como para nosotros, Dios en su amor, ha provisto un medio para lavar nuestros pecados y librarnos del infierno o muerte eterna. Este medio es Jesucristo el Hijo unigénito de Dios. Jesús vino al mundo sin pecado y vivió sin cometer pecado, para así poder lavar los nuestros. Dios cargó en Jesús todos nuestros pecados, por lo que Jesucristo, murió en nuestro lugar en la cruz del calvario. Su muerte fue cruenta, sufrió los tormentos del infierno que nosotros merecíamos, tanto de forma física como espiritual.

 En el templo habían dos altares, uno en el atrio, que era el altar del holocausto, hecho de madera y de bronce, con cuernos en sus esquinas. Simbolizaba a Cristo en su naturaleza humana, para ocupar nuestro lugar en la cruz; el bronce simbolizaba el juicio de Dios; por medio del sacrificio de Cristo, somos justificados, es decir declarados justos. El otro altar estaba en el lugar santo, era el del perfume. Hecho de madera y oro. Representa a Cristo en su naturaleza humana y divina. Este altar representa a Cristo como nuestro intercesor ante el Padre celestial. Para realizar este oficio sacerdotal, Cristo está a la diestra su Padre; habiendo antes muerto por nuestros pecados y resucitado en gloria. Los cuernos de ambos altares simbolizan el poder de Jesucristo como Salvador.

Así es que cuando Isaías se encontró con Dios, fue lavado de sus pecados en el Mesías que había de venir. En el Mesías, que es el Señor Jesús. Fueron tocados los labios del profeta, porque ellos simbolizan el pecado del corazón, porque como dijo el Señor, no contamina al hombre lo que entra por la boca; sino lo que sale de ella; que viene del corazón. De manera que para ser lavados por Jesús es necesario: Reconocer nuestros pecados y pedir a Dios nos perdone; creer en Jesús como nuestro Salvador, y recibirle en nuestro corazón.

 ESTIMADO LECTOR:

 Al encontrarnos a finales del año, sin duda que ya tiene lista tu agenda para el 2015. ¿Pero ya tienes contemplado, dónde pasarás la eternidad? Dios te dice: “ven luego y estemos a cuenta” (Isaías 1.18). Ven al encuentro con Dios, reconoce tus pecados, pide perdón a Dios, y apártate de ellos; dile a Cristo que entre a tu corazón y te lave, que te salve del infierno.

 Si el profeta Isaías, no hubiera sido tocado por el Señor, hubiera muerto. Si no crees en Jesús, si le rechazas, tendrás que pasar la eternidad lejos de Dios, sufriendo por sus pecados en el infierno; porque ya que Dios es Santo, no dejará impune al pecado.

 Si has creído en Cristo, si estas consciente que Jesús te salvó del pecado, y del infierno, estarás agradecido, y buscarás la manera que mostrar tu gratitud a Dios, como lo hizo Isaías. Después de que él fue librado de la muerte, escuchó al Señor buscando un profeta, y dijo: “Heme aquí, envíame a mí”. Hagamos lo mismo si hemos tenido un encuentro con Dios, vivamos en servicio, adoración, y predicación de su Palabra. Compartamos lo que él hizo con nosotros.

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