Archivos diarios: 4/12/14

Sacia tu sed, editorial.

“SACIA TU SED”

“Mas en el postrer día grande de la fiesta, Jesús se ponía en pie y clamaba, diciendo: Si alguno tiene sed, venga á mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su vientre”. Juan 7.37,38.

Un día acompañé a un hermano a comprar material dental. Era una tienda muy grande, y había en la entrada una máquina de café. El hermano me dijo que podía tomar todo el café que quisiera, que era una cortesía de la tienda; y que podía regresar cuando quisiera un café gratis. Jesús nos hace una invitación especial; a saciar nuestra sed, a tomar sin limitaciones del agua de vida.

UNA INVITACIÓN UNIVERSAL

Nuestro Señor Jesucristo hizo esta invitación en la fiesta de los tabernáculos, que se celebraba a los 15 días del mes séptimo, según el calendario lunar judío.

Al final de la fiesta se derramaba agua para recordar que Dios hizo provisión de este vital liquido cuando el pueblo de Israel peregrinaba en el desierto, rumbo a la tierra prometida. Jesús al ver esta escena, conmovido, dijo con gran voz: “Si alguno tiene sed, venga á mí y beba”.

Se trata de una invitación universal, pues ¿quién no tiene sed?, ¿quién no necesita del agua? La invitación del Señor es espiritual; la Palabra de Dios nos enseña que todos somos pecadores, y que el pecado nos ha desterrado de la gloria de Dios, Romanos 3.23. Esta separación de Dios es la que produce sed espiritual.

POR MEDIO DE JESUCRISTO

El Señor dijo: Venid a mí. Solamente Jesús puede satisfacer la sed espiritual, porque él es el único que murió en la cruz para pagar todos nuestros pecados.

Al recibir a Jesús como nuestro Salvador, nuestro corazón es lavado de pecados, y somos hechos hijos de Dios. Jesucristo nos une, nos conecta nuevamente a Dios, de esta manera sacia nuestra sed espiritual; pues la presencia de Dios en nuestras vidas suple toda nuestra necesidad espiritual.

Es maravilloso saber que Jesucristo conoce la sed, y por eso es Poderoso para saciarla. Él caminó con Israel mientras peregrinaba por el desierto hacia la tierra prometida; vio al pueblo sediento, y le dio agua por medio de la Peña, que de hecho le representaba a Él. El Señor Jesús estuvo en ayuno 40 días y 40 noches y después tuvo hambre, y naturalmente sed. Y Jesucristo estuvo en la cruz, llevando nuestros pecados, separado del Padre, con sed de Dios, por eso dijo: “Por qué me has desamparado”; y también exclamó “Sed tengo”. Él por lo tanto es Poderoso para saciar la sed de todo el que venga a él.

UNA INVITACIÓN GRATUITA

La Invitación del Señor es totalmente gratuita; es un acto de misericordia. Pues no podemos pagar para recibir el agua de la salvación y vida eterna; porque todo le pertenece a Dios, en realidad nada es nuestro. Tampoco podemos hacer nada para ganar nuestra Salvación; porque es el pecado el que separa al hombre de Dios, y solamente la sangre de Cristo limpia de todo pecado.

Es gratuita para que la gloria sea de Dios, para que ningún hombre se gloríe. Para que seamos humildes y siempre agradecidos con Dios por su amor para con nosotros.

No por ser gratuita, el agua de salvación en Cristo es mezquina. Jesús promete dar agua de tal manera que ríos de agua viva broten del vientre. Cuando somos salvos, nos convertimos en medios para compartir este invitación del Señor; y nuestro testimonio es poderoso.

ESTIMADO LECTOR:

Jesús sacia la sed y hambre espirituales. También tiene poder para satisfacer el hambre y sed material. Hoy reconozca sus pecados, apártese de ellos y crea en Cristo como su único y suficiente Salvador. Si lo hace ya no tendrá sed espiritual, sino que estará satisfecho y feliz en Cristo Jesús.

 

 

Limpieza para vida, editorial.

“Limpieza para vida”

“Mas si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión entre nosotros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”. 1 Juan 1.7.

La limpieza es importante para la salud y por lo tanto para la vida. Sabemos que muchas enfermedades mortales son producto de la falta de higiene. En relación con esto, la Palabra de Dios nos dice que el corazón del hombre está sucio, manchado de pecado y por lo tanto condenado a la muerte eterna, que significa pasar la eternidad separado de Dios, ya que Él es Santo, es decir sin pecado: “Por cuantos todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”, (Romanos 3.23); “Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”, (Romanos 6.23).

La Santa Biblia también nos dice que nada podemos hacer para lavar nuestro pecado, no hay medios materiales que quiten el pecado, ni el jabón ni las obras pueden quitar pecados: “Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre tí, tu pecado está sellado delante de mí, dijo el Señor Jehová”, (Jeremías 2.22).

Dios sabiendo nuestra incapacidad para lavar nuestros pecados, en su gran amor, nos ha dado un medio poderoso para lavar nuestro corazón de todos los pecados. Este medio es la sangre de Jesús, por ello las Santas Escrituras dicen que la Sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. La sangre de Jesucristo tiene poder para lavarnos, porque Jesús la derramó en la cruz del calvario cuando murió, en sustitución de nuestras vidas.

Para ser lavados con la sangre de Jesús tenemos que reconocer que somos pecadores; arrepentirnos de nuestros pecados, es decir dejarlos de hacer; y recibir a Jesucristo en nuestro corazón como nuestro único Salvador personal, “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció á sí mismo sin mancha á Dios, limpiará vuestras conciencias de las obras de muerte para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9.14)

No importa que tan sucio este su corazón, no importa si está muy manchado, el Señor Jesús puede dejarlo limpio, “Venid luego, dirá Jehová, y estemos á cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán á ser como blanca lana”, (Isaías 1.18)

Es importante lavar nuestro corazón de todo pecado porque de otra manera no podemos ir al cielo, por ello el Señor Jesucristo dice: “Bienaventurados los de limpio corazón: porque ellos verán á Dios”, (Mateo 5.8). Ninguno que no haya lavado su corazón de sus pecados podrá ir al cielo, porque allí no entra nada inmundo, “No entrará en ella ninguna cosa sucia, ó que hace abominación y mentira; sino solamente los que están escritos en el libro de la vida del Cordero”, (Apocalipsis 21.27).

Estimado Lector: La limpieza de pecado es necesaria para tener vida eterna en el reino de Dios. Hoy reciba a Jesús en su corazón, él le lavará y le hará apto para entrar al cielo. Una vez que haya sido lavado por el Señor, es necesario que le busque, que le siga por medio de la oración, lectura de la Palabra de Dios, y congregándose con otros creyentes en Jesucristo; para que por medio de la comunión con Dios, su vida se mantenga limpia y agradable al Señor.

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