La oración

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La carreta del cristiano

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Texto: Hebreos 12.

Introducción:Cuenta la historia que Alejandro Magno no sólo realizó una conquista civil sino también cultural. De esta manera, en la tierra de Israel se establecieron lugares para que los jóvenes judíos aprendieran los deportes y conocimientos de los griegos. El impacto de la cultura griega fue tan fuerte que el Nuevo Testamento se escribió en griego. Los hebreos se familiarizaron con los deportes; por eso Pablo comparó la vida cristiana con una carrera atlética.

PRESENCIADA POR MUCHOS, “POR tanto nosotros también, teniendo en derredor nuestro una tan grande nube de testigos, dejando todo el peso del pecado que nos rodea”

Olimpia era la ciudad en la que se llevaban a cabo las competencias deportivas; llegaban personas de muchos lugares que incluso ponían sus tiendas alrededor para apreciar las competencias. Los corredores eran observados por muchas personas quienes ponían atención para que los participantes no hicieran trampa. De la misma manera toda persona que corre en la vida cristiana está bajo la mirada de muchos, quienes, al avistar trampas o pecados en los creyentes, se decepcionan, escandalizan y hacen públicas sus observaciones.

Por eso, el esforzador cristiano está comprometido a correr con limpieza de pecado. Sin hacer trampa. Para motivar a otros a correr y no ser piedra de tropiezo.

 OTORGADA POR DIOS, “corramos con paciencia la carrera que nos es propuesta”

En las Olimpiadas no participaba toda persona persona. Los requisitos para los competidores eran: 1. Ser personas libres, no esclavos. 2. Hablar griego, de otra manera, ¿cómo se comunicarían? La carrera del esforzador cristiano tampoco la corren todas las personas. Sólo es para los que Dios en soberanía, misericordia y gracia llama a la vida eterna. Si tú estás en la carrera es porque el Señor tuvo compasión de tu vida.

La carrera del esforzador para las personas libres. Para quienes por medio de Jesús gozan la libertad del pecado y la condenación. Es para los que hablan el lenguaje de Dios, revelado en las Santas Escrituras. Si reúnes estos requisitos, no tienes nada de qué jactarte, ya que son regalos del Señor.

TIENE COMO META JESÚS,“Puestos los ojos en al autor y consumador de la fe, en Jesús”

La carrera más común era la de 192 metros; los griegos tenían carreras de hasta 4600 m. Al llegar a la meta el ganador recibía una corona de laurel, que en poco tiempo se estropeaba. El esforzador cristiano tiene una meta: el Señor Jesucristo, ser como Él y llegar a morar con nuestro Salvador.

Durante la carrera cristiana todo esforzador debe poner sus ojos sólo en Jesús. La mente y corazón del cristiano deben estar enfocados sólo en Jesús, ya que el Señor es nuestra Meta y Entrenador. Durante la carrera debemos seguir con fidelidad sus instrucciones, atender sus Palabras para llegar con éxito hasta la meta. Nuestro Redentor tiene preparada para nosotros la corona incorruptible de vida eterna.

REQUIERE FORTALEZA Y ÁNIMO,“el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y sentóse á la diestra del trono de Dios. Reducid pues á vuestro pensamiento á aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, porque no os fatiguéis en vuestros ánimos desmayando”

En una competencia deportiva se necesita que el cuerpo haya tenido buen entrenamiento, pero también se requiere el espíritu adecuado. Muchos corredores se fatigan en su mente o espíritu y llegan a la meta. El esforzador cristiano se encontrará con muchas adversidades que el enemigo pondrá con el fin de que desistamos.

Esta carrera no es fácil. Pero nos infunde fortaleza y ánimo saber que nuestro Salvador, en su ministerio terrenal sufrió contradicción de pecadores, sin embargo, venció con todas las adversidades y completó su obra redentora. Él es Poderoso para sostenernos hasta llegar a su presencia.

 HERMANOS:

San Pablo dice: “corramos con paciencia”, es decir, sin desespera para no abandonar la carrera. ¿Cuántos han dejado de correr? ¿Cuántos esforzadores han abandonado su lugar, comisión, o responsabilidades? Dios nos llama a correr sin desmayar. No estamos solos, contamos con el Espíritu Santo para llevar a la Mera, por eso el apóstol escribió: “Estando confiado de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”,Filipenses 1.6.   

Las moradas celestiales

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 Juan 14:

1.NO se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.

2.En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, á preparar lugar para vosotros.

3.Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré á mí mismo: para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

4.Y sabéis á dónde yo voy; y sabéis el camino.

5.Dícele Tomás: Señor, no sabemos á dónde vas: ¿cómo, pues, podemos saber el camino?

6.Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí.

El Señor Jesús pasó más de tres años con sus discípulos, creó un vínculo fuerte entre ellos. Al decirles que volvería con su Padre, se pusieron tristes. Nuestro Redentor les fortaleció con el mensaje acerca de las moradas celestiales.

NOS INDICAN QUE SOMOS PEREGRINOS EN ESTE MUNDO.

El Señor Jesucristo en su naturaleza humana, vino a este mundo como Peregrino. El evangelio de Juan dice que el Verbo (Cristo) “habitó” entre nosotros (Juan 1.14); la palabra “habitó”, tiene el sentido de poner una tienda, es decir, una casa portátil, temporal. Después de cumplir su misión salvadora, el Hijo de Dios, ascendió a la diestra de su Padre para preparar la morada de sus redimidos.

Nosotros también somos peregrinos en esta tierra. La Biblia nos enseña que nuestros días en este mundo están determinados por Dios, tienen un límite (Job 14.5). La partida de los seres amados, son un recordatorio de la brevedad de nuestra vida, nadie llega para quedarse en este lugar.

Es importante tener lista nuestra morada en el reino de Dios. Debemos estar preparados desde ahora, ya que no conocemos el momento en que el Señor nos llamará. Esta preparación debe incluir aspectos siguientes: 1. En relación con Dios, debemos estar reconciliados con Él por medio de Cristo, para ir al cielo al partir. 2. Respecto a los que nos rodean, debemos procurar una convivencia de amor y respeto, para no dejar cargas de amargura y remordimientos. 3. Debemos tener todas las cosas en orden, de modo que no heredemos problemas.

SON SEGURAS.

Las moradas celestiales son el lugar en el que Dios habita en plenitud, donde Él tiene su trono de gloria. La Biblia nos dice que el reino de los cielos es hermoso, por ejemplo, sus cimientos son de piedras preciosas. En la casa de nuestro Padre no existe el dolor, la tristeza, la enfermedad, la muerte, el pecado, la maldad, ni la violencia. Este sitio no es aburrido, sino una morada de gozo y paz permanentes.

Las viviendas en el cielo son seguras porque Cristo las ganó para todos los que creen en Él como su Salvador y Dios. Los judíos, al viajar, tenían la costumbre de enviar con anticipación a un miembro de la familia para preparar el lugar de estancia. Cristo ha ido al cielo para preparar morada para nosotros, Él nos espera en su maravilloso reino. Esta es una garantía de nuestra vivienda en el reino del Señor.

Aquí en la tierra las propiedades llegan a perderse. Muchas familias se han quedado sin casa por robo, terremotos o huracanes. Pero en el cielo estas cosas no suceden. Las casas allí con seguras. Por lo tanto, debemos confiar de manera plena en Jesucristo.

TIENEN UN SÓLO CAMINO.

Toda vivienda tiene una senda de acceso, un camino para llegar a ella. También el reino de Dios tiene un Camino. Es el Señor Jesucristo, así lo explicó el Salvador a Tomás. Él es el camino porque pagó nuestros pecados por medio de su muerte en la cruz y resurrección. Los pecados son un impedimento para ir al cielo, ya que es un lugar libre de maldad. Pero el sacrificio de Cristo nos limpia de todo pecado, por eso, Él es el único camino para entrar al reino de Dios.

Tal vez nuestra casa tiene más de una senda. Pero las moradas eternas, sólo tienen una vía: Jesucristo. No hay otro Nombre dado a los hombres en que podamos ser salvos. Algunos han intentado llegar al cielo por las sendas de las buenas obras, de la vida religiosa y la compra de un lugar en el paraíso; pero estos caminos son falsos, conducen a la perdición. El único Camino es Jesucristo.

Para transitar en este Camino y recibir la vida eterna en los cielos, es necesario que reconozca sus pecados, le pida perdón a Dios, se aparte de sus obras malas, crea en Jesucristo como su Salvador personal y le siga cada día.

Estimados:

El Camino que lleva a la vida es angosto y difícil, es decir, ser cristiano no es fácil, debido a que vivimos en un mundo enemistado con Dios. Sin embargo, debemos esforzarnos, ser valientes y fieles, ya que Jesucristo está con nosotros siempre.

Instituto

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Por el día de la reforma del siglo XVI

Anc. Gob. Raúl Guido Garay

 

 

34 Aniversario “Salem”

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Coro juvenil “Salem”

Director: Hno. Daniel Álvarez Padilla

 

 

Una cena con grandes propósitos

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Marcos 14.22-25.

22Y estando ellos comiendo, tomó Jesús pan, y bendiciendo, partió y les dió, y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo.
23Y tomando el vaso, habiendo hecho gracias, les dió: y bebieron de él todos.
24Y les dice: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada.
25De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día cundo lo beberé nuevo en el reino de Dios.

Al ser invitados a comer, preguntamos, ¿Qué se celebra? o ¿cuál es el propósito? Hoy estaremos a la Mesa con nuestro Dios y Salvador. Pero antes, es necesario recordar algunos de los propósitos de este Sacramento.

Sobre este asunto, nuestro Catecismo Mayor de Westminster nos enseña lo siguiente:

168. ¿Qué es la Cena del Señor?

R.La Cena del Señor es un sacramento del Nuevo Pacto, m)en el cual, dando y recibiendo pan y vino conforme a la ordenanza de Jesucristo, se simboliza su muerte; y aquellos que participan dignamente, se alimentan de su cuerpo y de su sangre, para su nutrimiento espiritual y crecimiento en la gracia; n) confirman así su unión y comunión con él; ñ)testifican y renuevan su gratitud o)y comprometimiento para con Dios p) y su amor y amistad del uno con el otro como miembros del mismo cuerpo místico. q)

m) Lc. 22.20; n) Mt. 26.26, 27; Jn. 6.55,56; 1 Co. 11.23-27; ñ) 1 Co. 10.16; o) 1 Cr. 11.25; p) 1 Co. 10.16-21; q) 1 Co. 1017.

RECORDAR EL CUERPO DEL SEÑOR, PARTIDO POR NOSOTROS, 22.

En la institución de la Santa Cena nuestro Señor tomó pan. Era pan sin levadura, el pan ázimo con el que se celebraba la pascua. Un pan duro e insípido. Este pan simboliza el cuerpo de nuestro Señor que fue ofrecido en sacrificio para pagar o limpiar nuestros pecados. Por eso el pan pascual no tenía levadura, ya que simbolizó a Cristo sin pecados (la levadura es una figura del pecado).

Jesús bendijo el pan y lo partió con sus manos para darlo a sus discípulos. Los judíos no acostumbraban a cortar el pan con cuchillo. El pan simboliza el cuerpo partido del Señor en su crucifixión, lacerado, desfigurado, pero sin huesos rotos. La oración elevada antes de participar de la Santa Cena no transforma el pan en cuerpo o carne de Cristo, sino que lo consagra como alimento y símbolo del cuerpo del Señor. No existe transustanciación, ni consubstanciación.

El Señor escogió el pan para simbolizar su sacrificio, porque el pan nos alimenta y da vida, de la misma manera que su sacrificio expiatorio aplicado en nuestro corazón quita el hambre espiritual y da vida eterna. Al participar de la Canta Cena, el Espíritu Santo alimenta y fortalece nuestra alma.

RECORDAR LA SANGRE DEL SEÑOR, DERRAMADA EN NUESTRO LUGAR, 23-24.

En la pascua se tomaba vino, el Talmud dice que el vino se mezclaba con agua. Después de dar el pan, el Señor Jesús tomó la copa, dio gracias a Dios y la dio a sus discípulos. Él les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada. Las palabras del Señor no significan que Él transformó la copa en su sangre, sino que la consagró como símbolo de su sangre derramada para el lavamiento de nuestros pecados.

Algunos piensan que es necesario transformar el pan y la copa en verdaderos cuerpo y sangre, para que de esta manera el Señor Jesús vuelva a ser sacrificado para limpieza de nuestros pecados actuales.  Sin embargo, la Palabra de Dios nos enseña que el sacrificio del Hijo de Dios fue perfecto, bastó para lavar todos los pecados de los escogidos, de tal manera que ya no es necesario ningún sacrificio (Hebreos 9.28).

Las Santas Escrituras registran que el Señor tomó el vaso o la copa, no dicen que tomó el vino. Se usa la palabra copa para expresar que Jesucristo fue a la cruz de manera voluntaria para beber o sufrir la ira de Dios en nuestro lugar (la copa es símbolo de ira). Nuestro Redentor dijo: esto es mi sangre del nuevo pacto… Existe un solo pacto, testamento o promesa de vida en Cristo; a este testamento en los tiempos en los que era una promesa por cumplirse, se le conoce como Antiguo Testamento. Después de la muerte y resurrección del Mesías, en los días de la promesa cumplida, se le llama Nuevo Testamento.

La copa nos recuerda la sangre derramada de Cristo, su muerte como Testador para que en Él recibamos la herencia eterna prometida por el Padre celestial.

CONFIRMAR NUESTRA SALVACIÓN, 25.

Nuestro Redentor dijo que volverá a beber el fruto de la vid nuevo en el reino de Dios. En unas horas el Señor sería entregado en manos de los pecadores, llevado a juicios falsos, sería condenado a muerte, azotado y crucificado de manera vergonzosa y cruel en el Calvario. Pero el Hijo de Dios estaba seguro de que resucitaría y volvería a su Padre, porque el plan eterno de Dios es perfecto y nada lo puede frustrar.

La exaltación de Jesucristo que consiste en su resurrección y ascensión al cielo es garantía de nuestra Salvación. Significa que: 1. El pago de nuestros pecados fue efectivo, no quedó cuenta pendiente por cubrir. 2. Cristo venció al pecado y la muerte, por lo tanto, los redimidos por el Señor viviremos con Él. 3. Nuestro Salvador nos prepara morada en su reino eterno, tenemos una herencia segura. 4. El Hijo de Dios, quien está a la diestra del Padre, intercede por nosotros de manera continua, tenemos asistencia para seguir en el camino. 5. Cristo volverá a las nubes por su iglesia y tomaremos con Él el fruto de la vid; no en la copa de ira, sino el fruto de la vid en gozo.

Cada vez que celebramos la Santa Cena anunciamos la muerte del Señor hasta que Él venga. Entre tanto que nuestro Salvador vuelve, no estamos solos, el Espíritu Santo está con nosotros. Él aplicó la obra redentora en nuestra vida; además, nos santifica, consuela, fortalece, enseña, guía, sana y da poder para hacer la voluntad del Padre. Estamos sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia (Efesios 1.13,14). Por todo lo expuesto, debemos participar con fervor de la Cena del Señor, para ser llenos del Espíritu Santo.

HERMANOS: Como conclusión a este mensaje, escuchemos otras enseñanzas importantes de nuestro Catecismo Mayor de Westminster sobre la Santa Cena.

171. ¿Cómo deben prepararse los que reciben el sacramento de la Cena del Señor antes de venir a él?

R.Aquellos que reciben el sacramento de la Cena del Señor, deben prepararse antes de venir a él, por un examen de sí mismos, x) si están en Cristo, y)de sus pecados y necesidades, z)de la verdad y medida de su conocimiento, a)fe, b)arrepentimiento, c) amor a Dios y a los hermanos, d) caridad para con todos los hombres, e)perdón de aquellos que les han hecho mal, f) de sus deseos de obtener a Cristo, g)y de su nueva obediencia, h) así como por renovar el ejercicio de aquellas gracias, i)por meditación seria j)y oración ferviente. l)

x) 1 Cr. 11.28; y) 2 Co. 13.5; z) 1 Cr. 5.7; compárese con Ex. 12.15; a) 1 Cr. 11.29; b) 2 Co. 13.5; c) Zac. 12.10; 1 Cr. 11.31; d) 1 Co. 10.17; e) 1 Co. 5.8; 1 Co. 1118,20; f) Mt. 5.23,24; g) Jn. 7.37; Lc. 15.3; Is. 55.1; h) 1 Co. 5:8; i) Heb. 10.21,22,24; Sal. 26.6: j) 1 Co. 11.24; l) Mt. 26.26; 2 Cr. 30.18,19.

174. ¿Qué se requiere de aquellos que reciben el sacramento de la Cena del Señor al tiempo de la administración de él?

R.Se requiere de aquellos que reciben el sacramento de la Cena del Señor, que, durante el tiempo de la administración de él, con toda atención y santa reverencia esperen en Dios en esta ordenanza, u) observando diligentemente las acciones y elementos sacramentales, v)discerniendo cuidadosamente el cuerpo del Señor, x)y meditando con ternura en su muerte y sufrimientos, y) y se sientan estimulados al ejercicio vigoroso de sus gracias; z)en juzgarse a sí mismos a) y entristecerse por su pecado, b)en tener una hambre y sed ardiente de Cristo, c)alimentándose de él por la fe, d)recibiendo de su plenitud, e) confiando en sus méritos, f) regocijándose en su amor, g)dando gracias por su favor, h)renovando su pacto con Dios i) y su amor para todos los santos. j)

u) Heb. 12.28; Lv. 10.3; v) Ga. 3.1; x) 1 Co. 11.29; y) Lc. 22.19; z) Ef. 3.17-19; a) 1 Co. 1131; b) Zac. 12.10; c) Ap. 22.17; d) Ga. 2.20; Jn. 6.35; e) Jn. 1.16; Col. 1.19; f) Fil. 3.9; g) 1 Pd. 1.8; 2 Cr. 30:21; h) Sal. 22.26; i) Jr. 50.5; Sal. 50.5; j) 1 Co. 10.17; Hch. 2.42.

175. ¿Cuál es el deber de los cristianos después que han recibido el sacramento de la Cena del Señor?

R.El deber de los cristianos después de que han recibido el sacramento de la Cena del Señor, es pensar seriamente cómo han obrado en ella y con cuál resultado; l) si hallan avivamiento y consuelo, bendecir a Dios, ll) pedir la continuación de ello; m) velar contra las recaídas, n)cumplir sus votos, ñ)y animarse a la asistencia frecuente a esta ordenanza; o)pero si no encuentran ningún beneficio inmediato, revisar más escrupulosamente su preparación para el sacramento y su conducta durante el mismo, p)y si pueden ser aprobados por Dios y por su propia conciencia, esperar el fruto a su tiempo debido; q)pero si ven que han salido vacíos de cada una de estas cosas, deben humillarse, r)y asistir en lo sucesivo con más cuidado y diligencia. s)

l) 1 Co. 11.17,30,31; Sal. 73.28; ll) 2 Co. 2: 14; Hch. 2.42,46,47; m) Ro. 15.13; Sal. 36.10; n) 1 Co. 10.12; Ro. 11.20; ñ) Sal. 50.14; o) 1 Co. 11.25.26; Sal. 27.4; Hch. 2.42; p) Sal. 77.6; Sal. 139.23,24; q) Sal. 123.1,2; Is. 8.17; r) Os. 14.2; 6.1, 2; s) 2 Co. 7.11; 1 Cr. 15.12-14.

Breve manual de discipulado

BREVE MANUAL DE DISCIPULADO

PARA LAS IGLESIAS PRESBITERIANAS

Hno. Juan Francisco Hernández Flores

Este humilde material de discipulado es el fruto de una serie de estudios dominicales impartidos en la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora “El Divino Redentor” de la Col. Nativitas Ciudad de México, en el año 2016, con el tema general “Creciendo juntos, Discipulando a la iglesia”.

Con gratitud a Dios y amor fraternal compartimos este manual a todo el pueblo de Dios. Es nuestro granito de arena para discipular a los nuevos convertidos e incluso a los miembros de la iglesia, ya que con el tiempo surge la necesidad de ser afirmados en los temas básicos de la vida cristiana.  A Dios sea toda la gloria y majestad.

Cómo ser Salvo

MANUAL DISCIPULADO

Pan para vida eterna

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“PAN PARA VIDA ETERNA”

Juan 6.24-35.

24Como vió pues la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron ellos en las navecillas, y vinieron á Capernaum buscando á Jesús.

25Y hallándole de la otra parte de la mar, dijéronle: Rabbí, ¿cuándo llegaste acá?

26Respondióles Jesús, y dijo; De cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os hartasteis.

27Trabajad no por la comida que perece, mas por la comida que á vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará: porque á éste señaló el Padre, que es Dios.

28Y dijéronle: ¿Qué haremos para que obremos las obras de Dios?

29Respondió Jesús, y díjoles: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.

30Dijéronle entonces: ¿Qué señal pues haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obras?

31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dió á comer.

32Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dió Moisés pan del cielo; mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.

33Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.

34Y dijéronle: Señor, danos siempre este pan.

35Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida: el que á mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

Un dicho expresa: “A todo nos acostumbramos, menos a no comer”. El pan o la comida es indispensable para vivir. ¿Qué tal si hallamos un pan que nos dé vida eterna? No es imposible, este Pan es Jesucristo.

SE RECIBE POR MEDIO DE LA FE, 24-29.

El Señor Jesús dijo a las personas que le buscaron hasta Capernaum, que trabajaran por la comida que permanece para vida eterna; ya que le siguieron sólo por interés material. Nuestra tendencia es buscar las cosas terrenales. No es malo trabajar y comprar las cosas que necesitamos y deseamos. Lo malo es enfocar nuestra vida sólo en lo material, porque es pasajero. Jesús nos llama a buscar lo permanece para vida eterna.

La doctrina judía acerca de la salvación predica que la vida eterna se obtiene por medio del conocimiento de la Ley de Dios, hacer oraciones, o realizar buenas obras; por eso, en otros momentos, algunos le preguntaron al Señor, ¿qué tengo que hacer para ser salvo? En realidad no tenemos que hacer algo para recibir la vida eterna; porque tampoco podemos. No tenemos capacidad de pagar con dinero, oro o plata, nuestra deuda de pecado, porque nada es nuestro. ¿Podremos pagar con obras? Nuestra deuda tan grande, que ninguna obra paga el mal que hemos hecho por nuestros pecados.

Para ser salvos, Dios en su amor nos ha dado un medio de redención que es Jesucristo. Se requiere reconocer nuestros pecados y su consecuencia de muerte; apartarnos de ellos y creer en Cristo como nuestro Salvador eficaz. El Señor respondió a los judíos que la obra de Dios es que creamos, en el que Él ha enviado. La salvación se recibe por medio de la fe en Jesucristo como nuestro Redentor.

ES UN ASUNTO PERSONAL, 30-32.

La salvación no se recibe por medio de la Ley, las oraciones o las obras. Los judíos creyeron que tenían un “as bajo la manga”, en todo caso, creyeron que eran salvos por ser hijos de Abraham e Israel. Por eso, respondieron al Señor, que ellos descienden de una generación que comió pan que cayó del cielo. En otras palabras, los judíos pensaron que por su nacionalidad tenían pase automático al cielo.

En verdad los israelitas comieron pan que descendió del cielo durante 40 años, mientras viajaron a la tierra prometida. Pero el Señor Jesús les enseñó, que el maná fue un pan temporal e imperfecto, porque también se corrompía; fue un símbolo del verdadero pan del cielo que es Jesucristo.

De la misma manera, muchas personas piensan que no necesitan a Jesucristo porque descienden de una generación de grandes siervos de Dios. Pero la salvación es un asunto personal. Gracias a Dios por el testimonio de nuestros abuelos y padres; pero sin Cristo no hay vida eterna. El ministerio de nuestros antepasados, no nos dará salvación.

SATISFACE DE MANERA COMPLETA, 33-35.

Jesús es el único pan de vida. Porque Él llevó sobre sí todos nuestros pecados y los pagó de manera eficaz con sus sufrimientos y muerte en la cruz del Calvario. Su resurrección al tercer día garantiza nuestra redención de todo pecado y muerte. Jesucristo venció el sepulcro, en Él tenemos vida eterna.

El Señor dice que el que viene a Él, nunca tendrá hambre; y el que cree en Él, jamás tendrá sed. Quien cree en Jesucristo como su Salvador, no necesita a alguien más para ser salvo. Jesucristo da redención con estas características: 1. Inmediata, se recibe desde el momento de creer en Cristo. 2. Completa, no se requiere de otra persona. 3. Segura, no se pierde, está garantizada por medio del Espíritu Santo.

El Señor es tan maravilloso que además de dar salvación y satisfacer nuestra alma, también conforme a su voluntad, suple las necesidades materiales de los creyentes en Él. Su provisión permanente, oportuna y congruente con nuestras necesidades. Podemos decir como el salmista David: Jehová es mi Pastor; nada me faltará.

HERMANOS:

Si no comemos, morimos. Sin Jesús, las personas tendrán que morir, es decir pasar la eternidad separados de Dios, en el lago de fuego y azufre. Por ello, le invitamos a pedir perdón a Dios por sus pecados y a decirle a Jesucristo que cree en Él como su Salvador personal. No se pierda de la bendición de disfrutar del Pan para vida eterna. El Señor Jesús suplirá sus necesidades espirituales y le bendecirá de manera que no le falte el sustento y abrigo material.

¿Qué haces aquí, Elías?

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¿Qué haces aquí, Elías?

1 Reyes 19.

En algún momento de nuestra vida todos nos alejamos un poco o mucho del ministerio al que el Señor nos llamó. Aun los grandes hombres de Dios han pasado por esta situación.

ANALICEMOS UN EPISODIO EN LA VIDA DE ELÍAS.

El profeta dio un buen golpe a la idolatría en Israel, demostró que sólo Jehová es Dios, por medio del fuego que consumió el holocausto y destruyó a los profetas de Baal.

Sin embargo, no tuvo los resultados deseados. No hubo avivamiento espiritual en Israel y la reina Jezabel le avisó que se encargaría de matarlo. Elías huyó hacia el sur, a tierra de Judá, fuera de la jurisdicción de los malvados Acab y Jezabel.

Se echó bajo un arbusto y deseó morir. Allí, Dios envió un ángel para sustentar al profeta. El ángel tocó a Elías para despertarle, no era suficiente sólo hablarle. Le indicó que se levantara y comiera; le preparó una torta que estaba las brasas, calientita, también le dio agua.

Después de comer el profeta volvió a dormir, señal de que Elías estaba muy desalentado, por lo tanto el Ángel de Jehová le tocó para despertarlo y le ordenó que se levantara y comiera porque le restaba gran camino. Elías terminó la comida que había quedado o la nueva que el Ángel preparó y de manera literal emprendió una larga caminata de 40 días y noches hasta llegar a Horeb. “El profeta quedó más que preparado para hacer un maratón”.

En Horeb se metió a una cueva y el Señor le preguntó: ¿Qué haces aquí, Elías? Ese no era el lugar al que Dios llamó al profeta. La respuesta de Elías puede presentarse en esta paráfrasis: “Es que todo se acabó, no tiene caso seguir en Israel, el pueblo quebrantó el pacto, sólo quedo yo como profeta, no tiene sentido seguir”.

El Señor pidió a su siervo que saliera de la cueva para darle un mensaje. Le mostró un poderoso viento, luego un terremoto, después un fuego, pero Dios no estuvo en estas manifestaciones. Al final el profeta presenció un silbido suave y entendió que allí estaba el Señor por lo que cubrió su rostro.

Dios volvió a preguntar: ¿qué haces aquí, Elías? El mensaje fue el siguiente: “recuerda que no siempre me manifiesto de formas llamativas, a veces lo hago con un soplo apacible, pero nunca dejo de actuar, ¿seguirás aquí, Elías?”.

El Señor indicó a su siervo que no había llegado el fin, Elías aun tenía actividades por realizar: Ungir a un nuevo rey para Siria e Israel y a un nuevo profeta. Además, Dios tenía siete mil personas fieles a Él, Elías no estaba solo.

El profeta regresó a Israel para continuar con su ministerio, aunque el peligro persistía, ya que él entendió que el Señor estaba con sus siervos y su pueblo.

APLICACIONES PARA NUESTRA VIDA.

Algunas veces después de un momento cumbre (predicar un buen sermón, realizar un retiro espiritual o un culto especial) nos sentimos desalentados porque no tenemos una buena respuesta. Sólo vemos un momento de emoción y no acontece el avivamiento deseado. Incluso enfrentamos reacciones negativas, como regaños y críticas no constructivas.

Dios permite estas situaciones para hacer de nosotros hijos humildes. Es muy fácil caer en la soberbia sin que nos demos cuenta. Elías llegó a pensar que era mejor que sus padres y maestros, por lo tanto, el Señor trabajó en él para llevarlo a la humildad. La soberbia es peligrosa porque deja a Dios fuera, el soberbio dice: “mi trabajo, mi esfuerzo, mis dones”, ¿y el Señor?

Dios quiere que seamos humildes para derramar su gracia en nuestra vida, pero desea que estemos desalentados todo el tiempo. Él nos ha dado al Espíritu Santo para proveer consuelo y fortaleza a nuestro corazón. Tenemos que levantarnos para comer y beber el sustento espiritual que el Espíritu de Dios tiene para nosotros en las Santas Escrituras y en la oración.

El Señor es Fiel y Todopoderoso, por lo tanto su obra no sucumbirá, permanecerá a través de los siglos y en medio de las adversidades.

¿Qué haces aquí, Elías, Juan, Pedro, Andrés…?

¿Estás lejos del lugar al que el Señor te llamó?

¿Qué tienes que hacer?

  • Levántate y come. Lee tu Biblia y has oración, acude a las reuniones con la iglesia para recibir el alimento espiritual.
  • ¿Estas en la cueva? Sal y observa la obra del Señor en su pueblo, Él hace cosas maravillosas, no deja de actuar. A veces está en el silbido apacible, pero nunca deja de estar con nosotros. Motivo suficiente para perseverar.
  • ¿Sigues desalentado? Recuerda que las cosas no han terminado, este no es el fin. Aun tienes muchas cosas por realizar.
  • Busca compañeros. No tienes que ser el Llanero solitario en la Iglesia, has compañeros de ministerio. Elías encontró apoyo valioso en Eliseo.
  • Regresa al lugar, al ministerio y responsabilidades que Dios te dio. Si el camino es largo, retorna y has pierna, no te detengas.

Hermanos:

Elías retomó su ministerio y continuó con fidelidad hasta que el Señor le transportó al cielo en un carruaje de fuego.

De igual manera seamos fieles a nuestro Dios hasta el momento en que Él nos llame a su presencia o Jesucristo nuestro Redentor venga a las nubes por nosotros y nos transporte al reino celestial en un estado incorruptible.

Servid a Jehová con alegría

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Anc. Gob. Carlos Alberto Rojano Cruz

DIA DE LA UNION DE SOCIEDADES DE ESFUERZO CRISTIANO DEL PRESBITERIO NACIONAL DE LA CIUDAD DE MEXICO

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